viernes, 7 de septiembre de 2012

Catamarán Olé


Si algo le tocaba la moral a F cuando estaba en la orilla de la playa jugando con sus hijos haciendo y deshaciendo castillos de arena desde prácticamente el alba, era que pasara frente a ella el típico barco con la cubierta a reventar de gente de farra, bailando, totalmente borrachos, felices y encima saludando. Ganas le daban de lanzarles el cubo, la pala y el rastrillo. Lo que no sabía F en aquel momento es que a finales de agosto tendría la oportunidad de resarcirse, que la vida le daba un respiro.

Un buen día, con motivo de que no hay motivo, mi prima C nos convocó a familiares y amigos a un crucerito marchoso por el Mar Menor a bordo de un catamarán. Siete horicas con comida, bebida y por supuesto, el gran DJ Barty, (Dj de cabecera de mi prima M), que en una fiesta como ésta no podía faltar.

Llegado el día, me planté milagrosamente puntual, pues la ocasión y las ansias lo merecían, en el Puerto de Lo Pagán. Y no era yo la única ansiosa, que en ese pantalán donde esperábamos nuestro barco se respiraba mucho buen rollo y expectación, aunque quizá por motivos diferentes a los míos. Pronto me di cuenta de que la gran mayoría de los que estaban allí eran padres jóvenes liberados de sus hijos. Habían dejado a los críos con los abuelos y se disponían, a estas alturas de la película, cuando ya casi se oía al Dúo Dinámico de fondo entonando “El final”, a disfrutar, según me decía uno de ellos, de su “primer día de verano”. 

Yo nunca había oído hablar del Catamarán Olé. Sí que sabía que por nuestra costa hay varios tipos de embarcaciones que puedes alquilar para celebrar eventos, pero nunca me había imaginado algo así. Nosotros éramos unos cincuenta, pues en el catamarán ese oficialmente caben cien personas. Verlo aparecer, con el sol de la mañana, entre las barquicas de Lo Pagán, era todo un espectáculo, casi titánico.

Por fin subimos e inmediatamente partimos entonando, no sé por qué motivo, el New York, New York de Sinatra. Pronto todo cambió a pachangueo veraniego y canciones muy de barco, o al menos eso me lo parecieron con un negrete en la mano, una bebida cubana que empezó a circular por allí tras las cervezas. Y aprovechando que eso no se balanceaba como cualquier otro barco, bailábamos. Estaba clarísimo, por mucha empanadilla que me comiera, que la cogorza estaba asegurada.

Pronto, una vez llegados al mismo centro del Mar Menor, muy cerca de la Isla del Barón, el Catamarán Olé fondeaba y nos dejaba una horica de baño, no sin antes advertirnos del código de colores medusil: las marrones no pican, las blancas sí. Y daban mucho asquito si lo pensabas mucho, pero el calor mandaba y al final daba igual, más acompañados estábamos.

El siguiente baño fue en el Mar Mayor. Más frío, más transparente y de un color azul oscuro alucinante. Un refresco perfecto para volver al barco y empezar con los gintonics de Goa, ginebra que ya fiché yo a las once de la mañana, en aquel pantalán. O los vodkatonics, que por supuesto alguien había ahí, como siempre, empeñado en ponerlo de moda. ¿No os dais cuenta de que lleváis meses insistiendo y nada? Así surgió un pequeño debate: ¿Vuelve el vodka? Entonces J soltó la respuesta más lúcida de la tarde: “No vuelve. Entra”.

De repente, tanta solemnidad fue interrumpida por DJ Barty al grito de “Soy una taza”. Como poseídos por el espíritu de los Cantajuegos, los papás y las mamás surgieron de la nada para, colocados frente al DJ, bailar la coreografía que tantas otras veces habrían bailado con sus hijos. Estaba perdida, y desesperada, buscaba un soltero que me comprendiera… A la segunda estrofa no tuve más remedio que unirme. “…una tetera, una cuchara, un cucharón”.

Acabé la fiesta tumbada en la lona que por la mañana me daba tanto miedo. Ya me daba todo igual, que enseguida llegaríamos a puerto. Qué corto se nos hizo, más de uno habríamos querido un bañico más, aunque hubiera sido rodeados de medusas.

2 comentarios:

Carlos Ruiz Caballero dijo...

Ya era hora! La foto está muy chula. Seguro que le gusta a Mara. El año que viene iré más preparado. Aletas y churro parecen buena idea.

Conch dijo...

Yo también! Iré con las coreografías preparadas, que a mí no me volvéis a pillar!

Qué bien lo pasemos, picaduras de medusa marrón incluidas :s