martes 29 de diciembre de 2009

What if?


¿Y si no me hubieras mentido?

¿Y si decides que ya no me quieres a tu lado?

¿Y si simplemente ya no me quieres en tu vida?

¿Y si la que lo entendió mal fui yo?

¿Y si no hay poema ni canción que pueda poner esto del derecho?
¿Y cómo puedes saberlo ya si no lo has intentado?

Cada paso que das podría ser tu mayor error...
...pero es un riesgo que hay que correr.

Y si decides que ya no me quieres en tu vida,
que ya no me quieres a tu lado...

What if there was no lie?
Nothing wrong, nothing right...

domingo 27 de diciembre de 2009

El exceso


No me digáis que hoy también tenéis comida navideña. Pues yo hoy no, milagrosamente no, y estoy encantada con este hueco en mi agenda. Porque menuda semanita esta, qué digo, ¡menudo mes! Desde el puente de la Purísima no he parado: que si la celebración del santo, los brownies, el cochinillo en Segovia, la boda (y ensaimada) en Palma, la comida de empresa, los cumpleaños de Sonia, Ángela y Rosa, la fiesta de la escuela, la Nochebuena, la Navidad, las comidas con los tíos, el caldero con los primos… ¡No puedo más! No sé vosotros, pero hoy me apetece dormir, un hervido, un yogur, y echar a correr por el Malecón ida y vuelta tres veces. Y me dice mi amiga Mary que ha pillao “el virus”. ¿Os podéis creer que he deseado su suerte? Que alguien me haga parar ya, por favor. Qué de excesos estos días… y no sólo a comer y beber me refiero.

Está el que se excede tras la comida de empresa, ése que acaba enfollonao abrazándose a sus compañeros, a los que de repente quiere mucho, deseándoles feliz navidad. En el extremo contrario de la fiesta está su compañera la estresada, que no aguanta más y explota, y se excede manifestándole al resto no sólo sus niveles de estrés sino también lo hartica que la tienen y lo que opina de todos ellos. A la cara. Y Felices Pascuas.

Exceso la gente que hay por mi barrio estos días. Especialmente el día de Nochebuena, donde vi a varias señoras que desde sus portales, sin atreverse a salir, contemplaban la marabunta que peregrinaba de la Plaza de las Flores a los Nueve pisos en busca de más cerveza, más copas, más música, más gente. A todos ellos además súmales ese exceso de “amistad” que surge con estas fiestas. La de amigos que nunca han sido amigos tuyos que te encuentras en el mogollón, que van y te soban y te desean felicidad, paz y amor: “Soy la ex de E” “Perdona, ¿de quién?” “Sí, aquel compañero tuyo de carrera…” “Ay, sí, ya decía yo que me sonaba tu cara (mentira cochina)… será por el flequillo (ese tan feo) que no te reconocía.” O el exceso histórico que me encontré en el aseo de la cafetería de los Nueve pisos: 7 tíos en cola, 0 chicas. Ni qué decir tiene que les extrañó que fuera sola e incluso se ofrecieron a entrar conmigo. Qué amables.

Excesos amorosos también ha habido: Por una parte mi amigo A, que se excedió compartiendo benjamines con una chuqui en su casa y se le hizo tarde para la cena de Nochebuena. Y por otra, mi amigo L, que se excedió al comprar unos billetes de avión a Mallorca (será maravilloso) para pasar la Nochevieja con una, la cual le dijo ayer que había vuelto con el novio. O mi amiga Susi, que bailoteaba copazo en mano celebrando dos años de amor con el papá de su hijo y que había dejado la lactancia esa misma semana.

Exceso por supuesto en las compras, porque qué de gente, y qué vicio estas fechas. Doy gracias a que vivo donde vivo y que con las tiendas del centro me sobra. Excepción hecha de cuando me compré el ordenador, cuya hazaña sólo necesitó cuatro horas de mi valioso tiempo, dos de ellas metida dentro del coche, rodeada de más coches y tres o cuatro centros comerciales de paisaje (¿cuántos centros comerciales necesita una persona?). Recuerdo esa tarde con horror… aunque la salva el pestañitas que me vendió la máquina desde la que escribo. Qué guapo.

Exceso es que las copas valgan 7 euros por el mero hecho de ser fiesta. O que en el 2009 siga siendo Boney M la banda sonora de las Navidades. O que si nadie repone la Bandeja, empieces a zamparte las almendras esas, las peladillas y hasta te plantees probar la fruta confitada… o como quiera que se llame. Exceso es que la gente te anime a seguir con los excesos: Come, bebe, sal de fiesta… ¡revienta!, “que ya llegará el 7 de enero”-te dicen. Pues yo paro ya. Hoy que puedo, descanso.

martes 22 de diciembre de 2009

Deseos de Navidad


Ya es Navidad y yo ya casi casi estoy de vacaciones...

Esta Navidad os deseo:

- Que desconectéis y descanséis, que algunos sé que andáis con mucho estrés.

- Que disfrutéis de lo que tenéis, sobre todo si no os ha tocado la lotería: los buenos amigos, vuestra casica, vuestra cama, el tiempo que tengáis libre, el sol de la Plaza de las Flores, la maravillosa ciudad de Murcia (pa quien viva aquí), internet, el facebook, la Granja, los DVDs cogidos de la biblioteca...

- Salud, especialmente hoy, día nacional. Salud en general, y que no os den "virus" de esos típicos, cuidaíco con los excesos.

- Que disfrutéis de la compañía de quien más os apetezca: vuestra familia, los hermanos que vuelven a casa por Navidad, las nuevas incorporaciones a la familia si las hay, el novio, novia, esposo, esposa (que sí, que sí)... o de vosotros mismos que estáis solicos estas fiestas.

- Para los que están solicos: os deseo que no os olvidéis de nosotros, porque los de aquí nos acordamos mucho de vosotros y os mandamos mil besos y abrazos.

- Para las parejas: no se peleéis, que dicen por mi pueblo. Haya paz.

- Para los solteros: os deseo esperanza y felicidad, que disfrutéis de la incertidumbre y el mariposeo que nos caracteriza... por si acaso fuera nuestro último año en el club.


¡Feliz navidad!

domingo 20 de diciembre de 2009

Sin novio en Navidad


Que sí hombre, que sí. Definitivamente es mucho mejor estar soltera en Navidad que tener novio. Mucho, pero que mucho mejor.

Esta reflexión la tuve ya hace unos años. Estaba yo con mi amigo Sergi en una tienda ayudándole con los reyes para su novia cuando me preguntó: “¿Y no te da cosica no tener novio estas fiestas?”. Sin dudarlo le contesté: “Ni de coña, no veas además qué alivio”. Y es que en esta época me vuelvo soltera por convicción y que alguien me diga “Ay, si yo estuviera soltero...”, que me reiré sintiéndome orgullosa de formar parte de este club al que todos, en el fondo, queréis pertenecer.

He aquí algunas de las ventajas de no tener novio en Navidad:


-La lotería. Si te toca es para ti solica, claro está. No tienes que compartir el típico décimo, máxime la cursilada esa de comprar uno cuyos números coinciden con la fecha del aniversario… Pa que luego te toque y el maromo no quiera gastarlo en ese viaje a La India que a ti te hace tanta ilusión.

-Los regalos. Con los novios te dejas un pastón y además hay que ser original. ¿Dónde quedó el socorrido perfume o la camisa? Ahora a las parejas se les regala viajes, noches de hotel con spa, videoconsolas, cuatro camisas, un jersey y unos zapatos. Eso después de haberte calentado la cabeza hasta herniarte. Y no hablemos del tiempo que has perdido en el proceso (¡pudiendo estar en el 609 ligando!). Y que luego él te regale un mísero CD o un tanga rojo para Nochevieja (¿qué tengo, 16 años?). Prefiero gastarme ese dinero en mí misma en cosas que verdaderamente me gusten. Que aparte, el mero hecho de agasajarse a una misma es de las mayores ventajas de este club al que pertenezco y uno de mis hobbys favoritos. Especialmente si es en plan atracón, machacando la paga extra, a tarjetazo limpio, zas zas. Y llegar a casa llena de bolsas todas para mí. Yo es que hasta me pongo los regalos envueltos bajo el árbol unos días antes para luego abrirlos con cara de sorpresa. Ohhhhh.

-Dietéticamente también es maravilloso. Tienes la mitad de comilonas. Te libras de comer ca los suegros, de la comida con sus colegas (a los que por supuesto no aguantas), la cena con los de la playa, la de su familia materna con la abuela, la quedada con sus primos paternos, esa con los tíos que han venido de Vigo, la de “hoy-es-fiesta-vámonos-a-Yecla-a-ver-la-nieve”… O luego entrar a su casa y que esté su madre to maligna enseñándote la bandejica diabólica de dulces navideños a la que no puedes decir que no.

-La libertad en los días perrunos. Puedes seguir libremente la tradición murciana esa tan bonita de estar de farra todo el día y volver a casa a cuatro patas, con el rímel por los pies y si eso, no salir luego. Y al día siguiente levantarte hecha unos zorros, afónica como un perro, los pies hinchados como botas y sin ganas de salir al mundo exterior. Eso mejor vivirlo en soledad, ¿no?

-La Nochevieja. Tú que querías irte a Londres, a París, a Roma, resulta que él quiere quedarse en Murcia, que a su madre si no, le da un yuyu por el destete nocheviejero. Por Dios. Y luego el tío encima querrá ir al bar de siempre, donde esa noche han subido el precio de las copas o cobran entrada…

-Y por último, lo más importante, con novio pierdes la incertidumbre, o de ti pa mí, el ligoteo. Que en estas fiestas se sale mucho, que serán las tortas de pascua del desayuno, el vinico, el relax, el sol de la Plaza de las Flores-Santa Catalina, que hace que esté Murcia en estas fechas a reventar de gente guapa y simpática. Y el pensar que en cualquier momento salta la liebre, que si tuviera novio se acabarían las tonterías estas que nos dan tanta vidilla a los solteros, la incertidumbre de si lo veré mañana, de si se acordará de mí, de si repetiremos en Nochevieja, o nos comeremos el roscón juntos, o de si me hará un regalito por reyes… aunque sea un perfume.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Si yo fuera rica


If I was a rich girl.. na na nana na na nana...

Estaba yo pensando en el sorteo de la lotería del martes que viene, el que con su soniquete de los miiiiiil eeeuurooosssss nos anuncia que ha comenzado la Navidad. ¿Habéis comprado algún décimo? Yo este año he tirado la casa por la ventana y tengo uno de Santiago de Compostela, otro de Segovia, otro de Murcia y otro de Lorca. Decidme: ¿Qué harías si os tocara? Juguemos al cuento de la lechera. Si yo fuera rica:

1. Me iría de viaje. Vamos, lo tengo clarísimo. A donde fuera. Que estoy ya que... ¡me viajo encima!

2. Liquidaría mi hipoteca o... la reduciría un poco. O no. Yo que sé. Yo soy más de gasto instantáneo, jeje.

3. Invitaría a todos mis amigos a una cenaca y fiesta loca. Alquilaría el Faceclub, o el Del Gallo Blues, o el 609 pa mí solica.

4. Me compraría un coche nuevo. Pero nada ostentoso. Otro Lupito mismo. A poder ser verde.

5. Me compraría un Mac, como el de Carrie Bradshaw. De hecho ese era mi plan porque éste desde el que escribo está agonizante, animalico. Mucho trote. Sin embargo, al final me compraré cualquier ordenadorcico que ande, que no está la cosa pa pijadas. La semana que viene ya, antes de que sea demasiado tarde.

6. Terminaría de amueblar mi casa, jolín, que llevo un año aquí y sigo sin recibidor, espejo, alfombras, alguna que otra lámpara...

7. Volvería al gimnasio... ¡cómo me gustaba a mí el año pasado! Es que no perdonaba...

8. La Trini vendría a limpiar todas las semanas. Que con tanta celebración, tanto viaje, y tanto curro pre-navideño estaba mi castillo que daban ganas de llorar. Pues se acaba de ir y me ha dejao la casa niquelá. En palabras de mi amigo Deivi, ahora se podrían comer macarrones en el suelo.


Y eso así que se me ocurra así en plan egoísta total...

To lo que es espíritu navideño 100%.

martes 15 de diciembre de 2009

Facebook Love (5)

En capítulos anteriores: Después de un mes de "amigos", hablé con él por el chat.

Han pasado tres semanas y no he vuelto a hablar con él. A veces le acoso a través del chat soltándole un "hola" pero no me contesta, me deja con la palabra en la pantalla.

El viernes por la noche fui al Faceclub y nada más entrar, no os lo vais a creer... ¡adivinad a quién me encuentro en la misma puerta! A él, rodeado de amigos. ¿Me verá cuando pase por su lado? ¿Me saludará? Por mucho que alargo el cuello cual periscopio no consigo hacer contacto visual para soltarle un coqueto “hola-amigo-del-feisbuk”. Yo creo que me ha visto… ¡y que ha pasado de mí!

El resto de la noche fui su paisaje, mirara donde mirara ahí estaba yo, de fondo, con la esperanza de que se atreviera a saludarme, que es que a mí me daba vergüenza ya, que una parte de mí me decía que me había visto y, no sólo pasaba de mí, sino que me da que hasta me estaba evitando.

Vale, son las 5 de la mañana. Desisto. Lo he captao. Ahí te quedas.

lunes 14 de diciembre de 2009

Cita a ciegas


El ensayo fue con Juan Luis, con quien me cité por cuestiones laborales. “Llevaré un abrigo rojo”- le dije. Habíamos quedado en la puerta del Zigzag y por allí pasé dos minutos antes con el coche. Parada en el semáforo, me fijé en la puerta y sólo había un chico con cara de pasmarote que además me estaba mirando. “Debe de ser él, que me ha reconocido”-pensé. Empecé a gesticular, vocalizando su nombre. Viendo que el payo se encogía de hombros, le pedí que se acercara al lateral del coche y se asomara por la ventanilla. “¿Eres Juan Luis?” “¡No!” – me soltó más cabreado que un mono. Jolín, perdona, tampoco es pa ponerse así. Cinco minutos después, el verdadero Juan Luis me reconocía sin problemas.

La otra cita a ciegas, la de verdad, era más un reto que otra cosa: “A las 2 a.m. en el Mate. Estaré sentado en uno de los sillones rojos que hay a la derecha. Te reconoceré y me levantaré. Te daré un beso en la boca y, según tu reacción, me quedaré o me iré.”

Así, a las 2:05, armada de valor, del brazo de mi amiga Noelia y acompañada por cinco amigos más, entré al Mate. Rápidamente miramos a los sillones de la derecha y no había nadie, así que seguimos recto hasta la barra de enfrente. Una vez comprobado que no había ningún moro en la costa con pinta de venir a morrearme, y sin bajar la guardia, nos pedimos unos gin lemons. “Va a estar con los amigos en la barra de la izquierda, verás”. De repente, apareció por la zona de los sillones rojos un chico que se encendía un cigarro y se sentaba, solo, en uno de ellos, a fumar mirando al techo. ¿Será él? ¿Me acerco? Venga, allá vamos. Con la copa en una mano y la otra mano en la cintura me situé frente a él, de pie, y lo miré fijamente, casi amenazante. Me vio, pero no se inmutó, siguió con su cigarrico y su techo. Entonces, pa chula yo, decidí sentarme a su lado. Seguí mirando al desconocido a escasos treinta centímetros de él, pero nada, el tío no reaccionaba. Entonces miré al frente y le di un sorbito a mi copa. Delante de mí, un sospechoso grupito de tres chicos charlaba, y hasta vi que uno de ellos me señalaba con la barbilla. Los amigos, claramente. Volví a mirar a mi vecino de sillón, que seguía recostado contemplando el techo sin mediar palabra (¡ni siquiera preguntarme qué hacía ahí o cómo me llamo!), así que decidí volver con mi gente. Ya desde la barra vi cómo los tres chicos aquellos se acercaron a hablar con el del sillón. Y eso fue todo. Me terminé la copa y me di por plantada.

- “Pero dile algo”- me aconsejaba Noelia.
- “No, nena, ¿y si no es él?”
- ¿Y si es?

Pues que se hubiera dado brío, jolín. Además, tenía unas ganas tremendas de volver a mi casa y dejarle un mensaje diciéndole que era un cobarde. Y que tampoco el tío del sillón me provocó ningún tipo de simpatía como para preguntarle nada. Y que tampoco era guapo, las cosas como son.

No fue hasta tres días después cuando recibí señales de vida de mi cita, lo cual por un lado, además de grosero, es altamente sospechoso y por otro, confirma que es un cobarde en toda regla: “Conch, pido sinceras disculpas, pero no doy explicaciones porque sería una de las muchas veces en que la realidad agitada suena como una vil excusa. No. No estuve a la hora que dije donde dije que estaría porque todo lo que había planeado "se vino abajo"”.

¿Perdona? ¿Qué se supone que significa eso? ¿Me lo creo? ¿Fue o no fue al Mate? ¿Tendrá el del sillón algo que ver con él? ¿Y los otros tres? Uno de ellos era monísimo, por cierto.

Hoy he hablado con Juan Luis y hemos quedado mañana para desayunar. “Llevaré una chaqueta marrón”- me dice. ¡Pero si ya sé la cara que tienes!Ya -me contesta- pero es que me hizo mucha gracia lo del otro día”.