lunes, 31 de octubre de 2011

Desparejados

Esta semana comí con mi abuela, de 89 años. Ella no posee ya la noción de la edad de las personas, ha perdido la cuenta de los que somos y confunde las generaciones. En una misma tarde lo mismo soy su nieta que su prima, y aunque nos preocupa, a mí en parte me mola, porque a mis 33 años, mi estado civil podría parecerle cuanto menos… llamativo. Aun así, cada vez que estoy un ratico con ella, tarde o temprano acaba preguntándome si me he echado novio. “Qué guapa estás, nena”. “Sí ¿verdad? Y sola, abuela, y muy feliz”. Por un momento pensé que con eso sería ya suficiente. “¿No tienes ningún pretendiente, nena?”. “No, abuela, ¡son todos unos petardos!”- le medio-grité a la pobre para que me oyera bien. Entonces reaccionó con un pequeño ataque de risa con el que creí por un momento que no llegaba a los noventa. Asunto zanjado, pensé, aunque aquello a mí sí se me quedó en la cabeza un rato. Y es que a veces me da por pensar que a lo mejor es verdad que no queda nadie para mí, o tendré el listón demasiado alto, que los que hay no me gustan. O no me convienen y es verdad que son unos petardos. Así me consuelo y no me agobio, y paso a llenar mi cabeza con otros asuntos. Hasta la cena semanal con las Chicas de la Rueda (esta vez en María Sarmiento, un modesto y baratísimo restaurante en el lateral de la Plaza de Europa), donde salió el mismo tema. Si es que quedan, ¿dónde están los hombres que merecen la pena? ¿Debemos mantener la esperanza? Y es que a nuestra edad, de entre los posibles pretendientes, como diría mi abuela, lo mejor y lo que más frecuentemente encontramos es a desparejados, que aun pudiendo parecer lo ideal a priori, deberíamos tener mucha cautela y hasta intentar hacerles un tercer grado en cuanto podamos. ¿Cuánto tiempo hace de su ruptura? ¿En qué estadio de su soltería post-traumática está? Y como dirían Los Amaya: ¿qué es lo que quieres de mí?

Para más reflexión, el viernes en el tren me encontraba a una amiga que hace unos meses lo dejó con su novio con el que estuvo catorce años. Al preguntarle por novedades amorosas en su vida me contestaba sincera:”Para mí todavía es muy pronto”. Tras una relación larga, lo primero que intentamos todos es volver a ser nosotros mismos, preguntarnos quiénes somos, qué queremos, qué nos gusta hacer. Pero ¿cuánto se tarda en volver a ser uno mismo? Recuerdo hace mil años, en la fiesta de Navidad de la empresa en la que trabajaba, totalmente borracha y empuñando la copa de cava, me propuse pasar a la acción, pues consideraba, tan sólo cinco meses después de mi gran ruptura, que estaba preparada para volver al mercado. Me paró los pies mi amiga P, que con una especie de fórmula matemática me calculó que no lo estaba. En aquel momento no me hizo ni pizca de gracia pero años después le doy la razón, que la experiencia me dice que a veces ni siquiera doce meses son suficientes.

¿Y qué hacer mientras tanto? ¿Necesitamos un primer año de despiporre y otro de encontrarnos a nosotros mismos? ¿Cuándo se está preparado para dar y recibir? ¿Conocéis a alguien cuya primera relación post-divorcio, la del despecho, haya funcionado? Porque en ella se suelen buscar sólo mimos, ni dar, ni conquistar. Lo fácil, la primera persona que te diga ojos negros tienes. Y claro, al poco llegan las rupturas con el motivo de “tengo que volver a ser yo” y “quiero estar solo”. Y el primer impulso de la otra parte contratante será el de ofrecer ayuda y apoyo incondicional sin pararse a pensar si la relación realmente merece la pena, si convenía o si tenía aquello mucha pinta de tener futuro. Y es que, al cruzarnos con un desparejado ¿buscamos futuro o pasárnoslo bien? ¿Vamos al día o debemos mirar más allá? Qué complicado es todo. Comprenderéis ahora quizá que le suelte a mi abuela lo de los petardos para no confundirla más. Me imagino que en su época, donde había menos desparejados, todo sería mucho más fácil.

9 comentarios:

Antonio Rentero dijo...

Toda pérdida necesita su duelo y efectivamente primero hay que aprender a no vivir con alguien antes de lanzarse a disfrutar del nuevo status civil del que puede salir con el tiempo un período de lucidez en el que te reencuentras con un yo que creías perdido o que quizá hasta ignorabas que existía.

Con este toca aprender tb a vivir, preguntarte "ende dónde, ande dónde, cómo, cuándo y por qué" y llegado el caso estar en situación de encontrar alguien con quien compartir algo más que refociles varios.

No sé si ya se ha publicado en español "È una vitta che ti aspetto" de Fabio Volo, pero siempre recomiendo su lectura en estos casos.

Sí, a veces encontrar la clave de tu vida en un canción pop tb puede resultar ridículo pero siempre es más divertido y menos profundo y pretencioso que hacerlo en un libro de Paulo Coelho ;-)

Coletasss dijo...

Conch, cómo me ha gustado tu post... Yo aún de desparejados nada... pero si le quitas más de una letra... de-jada "porque quería estar solo" soy. Y como has comprobado este finde en efecto, me pregunto quién soy y "ande" voy, y qué me depara este futuro incierto en el que mi culo está más inquieto que nunca, pero también falto de mimos. Y con una transición complicada y un big question mark... :)Pero así es la vida!

sushi de anguila dijo...

La Casa Azul deja en mantillas con sus canciones toda la literatura de Missié Coelho... Estupendo post...

Antonio dijo...

A veces pasa que se pasa la mano por el lomo de gatito/a electrizado y, una de dos, o bien se arranca con un ronroneo o acaso se deja acariciar hasta que saca las uñas.
La fórmula, imagino, estará en uno mismo: es una cuestión de posología el dar con la solución exacta de múltiples variables, y sólo se sabe cuándo hay que dar simplemente cuando se siente la necesidad de dar, de amar. Entonces el trauma sabes que queda atrás, como una vieja piel de la que librarse. Y las cautelas, como siempre pasó: suaves como palomas, y astutos como serpientes.
Un beso, y muchas gracias por tu regalo semanal.

Conch dijo...

Gracias a todos por vuestros comments! Me alegro de que os haya gustado el post y sobre todo que dé para comeros el coco y expresaros.

Me quedo con lo que dice Antonio de la posología, junto con lo de las palomas y las serpientes...

Ballisaray dijo...

Y si lo que pasa es que no queremos encontrarlo? Y si no es que "todos sean unos petardos", si no que sólo buscamos "petardos"?
...Yo ya he pasado mi duelo, me he liberado emputeciéndome al caer la noche, me he centrado en buscarme y pareció que me hallé... y aún así, ahora y después de todo ese tiempo, no consigo fijarme (ni que se fije en mi, que es peor) en ningún hombre normal: O está casado, o separándose (y por tanto, desubicado), o emocionalmente lisiado o incapacitado para dejarse querer. Esto me ha llevado a plantearme que si objetivamente, no soy fea, ni tonta, ni vulgar antes bien, soy resultona, divertida y hasta mínimamente inteligente e interesante... ¿No será que en realidad lo que me pasa es que, inconscientemente busco "hombres imposibles", porque en realidad no quiero comprometerme, ni estar con nadie?
Esta es mi realidad de ahora y me asusta pensar que mi vida está siendo dirigida por mi Yo No Consciente, mientras mi Yo Consciente se calienta el tarro sin encontrar "alguien normal que me quiera".
¿Podría ser? ¿será? Ay, Dios!!!!

Conch dijo...

Jajaja, qué bueno! No puedo estar más de acuerdo contigo... ¡Puede incluso que yo sea como tú! jajaja (Me río pero... tela!)

Gracias por tu comentario tan esclarecedor, Ballisaray, vuelve pronto!

chemagolf.com dijo...

Bueno, la verdad es que solo tampoco se está tan mal. Yo, salvo un par de aventuras de no más de un par de años, he estado prácticamente "solo" y me ha ido muy bien...Ahora tengo novia, a la que conocí cuando tenía 40 años, y pienso que todavía podía haber alargado mi soltería... Cuando hay tormenta Conch, cualquier puerto no es bueno, cualquier piedra no te hace pared y un clavo nunca saca otro clavo... Has leído Dios vuelve en una Harley?

Conch dijo...

No la he leído, no, pero me la apunto.

Permíteme no estar de acuerdo en lo del clavo. Por lo general, es un estupendo remedio casero para este tipo de traumas. Que dure o que se convierta en algo serio es otra cosa.

Ah, y muchas veces lo digo, la cama pa una sola... también mola :)