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miércoles, 23 de octubre de 2013

Girls just wanna have fun

Me acordé del mito del taxista rollero. Ése que en un trayecto de diez minutos te pone al día de lo que acontece en el mundo, añadiéndole sus opiniones, indignaciones, grandes dosis de mala leche y algún que otro taco, y ahí estás tú, atrapada en el sillón de atrás, escurrida en la piel negra, deseando llegar a tu destino o que se calle ya de una vez. Pero ésta no era taxista y me tenía más atrapada aún si cabe. La escapatoria es imposible cuando estás en una camilla, medio en cueros y te están depilando. Ella tenía el poder. Y también ganas de hablar. Que si tenía algún plan para el fin de semana, me preguntó. “Pues… no”, le contesté ocultándole la verdad, que a ella qué le importaba. “Pues yo me voy de despedida de soltera” y me puse a buscar la cámara oculta y el detector de mentiras pues ése era mi mismo plan. O casi.

Durante el día, la novia disfrazada de colegiala, aderezada con todo tipo de accesorios fálicos, cuernos de diablesa, tutú y banda a lo Miss que rezara “Novia a la Fuga”, se pasearía por el centro de Murcia mientras sus amigas cabritas la jalearían, conjuntadas con camisetas que pondrían “la Mari se nos casa” y, al ritmo unísono de “Esa novia cómo mola, se merece una ola”, se recorrerían la ciudad. Para luego ir a una cena fina, de carne a la brasa y espectáculo de sexy boys, finiquitado con tarta fálica y cubatas sorbidos con fajitas con la forma adecuada. Se le notaba a la legua la juventud, pensé, y que era su primera despedida. De mi grupo de amigas, R es la séptima en casarse, y de despedidas diré que en los últimos ocho años he hecho algo parecido a un máster y que la madurez, y quizá tanto falo, nos ha hecho darle un giro a la cosa, y que una ya tiene una edad.

Para la despedida de R barajamos varias opciones. Varios menús, tipos de tarta, tappersex, copazos premium, un palco en el Teatre y hasta unos cócteles afrodisíacos. Sin embargo, lo que tiene la madurez y las amigas con hijos, por mayoría decidimos celebrarlo durante el día, con una comilona y hasta que el cuerpo aguantara, que en mi caso noto que ya es poco.

Lo que pasa en una despedida se queda en la despedida y, tras el aperitivo con patatas de la Torre en casa de la novia, nos fuimos al One Living Bar. Nos prepararon un salón separado con biombos para mayor privacidad, la mesa decorada con rosas de papel y, en una de las paredes, un póster con fotos nuestras a modo de photocall. El menú riquísimo, con pijadicas de esas que a todas nos gustan, y alguna que otra cosa raruna japonesa que tuvimos que consultar en google. Regalicos personales, risas con cosas que no contaré jamás y alguna que otra confesión inesperada. Que lo que importa es juntarnos, puesto que cada vez es más difícil con tanto trabajo y tanto crío. Tras la gran sobremesa y charleta con gintonics, bajamos al centro en tranvía. Yo ya las dejé, que la edad y los tacones no me permitían seguir más tiempo de farra. Lo que es la vida, pensé por el camino, que lo que más me alegraba era que no tendría resaca al día siguiente. Con lo que yo he sido, también pensé, ¿será que ya no me lo sé pasar bien?

Dos días después volví al One para una cerve tranquila after work con M, I y A. Lo que se suponía una anodina tarde de martes fue alterada por la historia de A, que decía que se había echado novio, pero que él no lo sabía. Un tío con el que coincide todas las mañanas para tomar café, pero del cual no sabe ni su nombre ni a qué se dedica. Claramente el amor de su vida, sólo había ahora que pasar a la acción. A, ¿a qué esperas para darle tu teléfono? Pídele fuego, dale tu número en una servilleta, que el “no” ya lo tienes. Y es que qué bonita historia podrías contarle a tus nietos, o simplemente qué guasa tendríamos para rato.

Esta semana iré a desayunar con A, que quiero presentarle a su novio. Puede que ya no dure tanto de farra, pero definitivamente durante el día, todavía sé cómo pasármelo bien.

lunes, 14 de octubre de 2013

¿Bailamos?

Este vídeo lo descubrí gracias a mi amiga M, que casualmente fue mami de Mini M este sábado. A ella, que ahora empieza una nueva vida, se lo dedico yo, para que con todo lo que se le avecina, no se le olvide bailar.


¿Bailamos? por dm_523e02e4c6a97

domingo, 9 de junio de 2013

Mujeres que molan



Como para no verla. Yo, que iba conduciendo, no pude evitar girar la mirada cuando la vi en el Cuartel de Artillería. Inmediatamente se me ocurrió que podría ser un puntazo muy molón para la despedida de soltera de A. 

A no tenía ni idea, claro. Quedamos con ella en el Aura, en Puente Tocinos, para tomar la primera caña y, entre risas, le metíamos miedo diciéndole que estábamos esperando al boys. Demetrio se llamaba además, (“¡Demetrio y medio!” soltó S) y llegaba tarde. De repente, por fin la vimos aparecer al final de la calle: una limusina rosa chicle más larga que mi vida se acercaba hacia nosotras entre voces de “que viene, que viene”. “¡Estáis locas!” gritaba la novia tapándose la cara muerta de risa, preguntándose de dónde demonios habíamos sacado semejante disparate. 


Y sí, efectivamente, dentro de aquel habitáculo de escay negro cupimos las 12, listas para nuestro paseo por la ciudad. Antes iríamos a ver al novio, que bailaba con la peña de La Crilla en el Mesón la Torre. Menuda liamos en el pueblo, que los niños venían corriendo desde el parque y los mayores salían de las tiendas para vernos pasar. Incluso a Qatar llegó la noticia, donde vive una amiga de A, que le mandó un mensaje: “Nena, pásate por donde la Paqui, que quiere ver la limusina”.

Doce copas, una botella de cava, otra de sidra y sonido Miami ya tú sabeh, a todo trapo cruzaba la Avenida de la Constitución y la Gran Vía, y confieso que, seré una hortera, pero a mí me emocionaba ver su reflejo en los escaparates, y sé que las 12 nos sentimos muy molonas. Y más cuando esta semana hemos hablado con gente que afirma que la vio.

Menuda semana de flipes ha sido ésta y, sobre todo, de mujeres que molan. Un proyecto de fotografía, idea de la mente maravillosa de la diseñadora Miriam Alegría, nos reunió a un genial grupo de mujeres, amigas suyas, “reales, lejos de medidas perfectas”, para ser modelos por un día con el estilismo vintage de Carola Madariaga y los complementos de Carmen Ramil. Otra ilusión de mi vida cumplida y sin duda una experiencia chulérrima e inolvidable. 

Mi aventura como modelo empezó hace unas semanas en el atelier que ambas comparten en la calle San Patricio, un espacio fantástico donde, desde aquí os lo digo, soñar con otras vidas y otras épocas (y a donde volveré, que todavía no tengo traje para la boda de A). Una bata china, un collar de cristales y un fajín de seda sería el look elegido para mí. Y ya. En plan comando posaría para Miriam Alegría. Yo, que había descubierto gracias a Carola y Carmen que no soy tan moderna como creía, y que no sé posar si no llevo dos copas encima, pues no sé cómo poner las piernas ni la cara y siento que se me encaja la cadera, con Miriam hubo un momento en el que me solté y… aparta, Cindy Crawford, que aquí estoy yo. “Si es que moláis mucho”, me decía la bonica de Miriam, y de ahí surgió el nombre de la exposición.

#MujeresQueMolan se inauguró este miércoles en La Oveja Negra, mi espacio de ocio favorito de los últimos tiempos. Un baño de multitudes y cariño a raudales, que decía mi compi de expo B. Y arte, moda y belleza. 17 fotacas de mujeres fantásticas provocaban la admiración de todos, que no se decidían por su favorita. “Yo me la pondría en grande en mi dormitorio, Conch, a modo de cabecero”, me sugería T. Otros me decían que la querían en el salón de su casa y otros se postulaban a Miriam para una futura edición de #Tíosquemolan.

Este viernes volví a la Oveja y, aunque con otra iluminación, volví a contemplar a esas mujeres molonas. “Esa soy yo”, le decía a todo quisque. Y es que es con esa fotaca, soy incapaz de ser modesta. Mola mucho ser modelo por una semana, tanto, que se me ha inspirado otro puntazo para la próxima despedida de soltera…

domingo, 19 de mayo de 2013

Eurovision 2013

No fueron las que quedaron en los mejores puestos, ni (menos una) pertenecen al top 3, pero os pongo mis canciones favoritas del festival de Eurovisión 2013, que vi anoche en la inmejorable compañía de M&M y el pequeño Carlitos, con una deliciosa cena que recordaré siempre. Gracias, hermosos.

Malta: TOMORROW. El rollito happy-ukelele-anuncio-de-estrella-damm nos mola. Quedaron 8º.



Italia: L'ESSENZIALE. Qué nos gusta un italiano de voz rota... Ains. Quedó 7º.



Países Bajos: BIRDS. Sí, un poco muermo, decían, pero es preciosa. Quedó 9ª.



Y sí, estoy loca, pero a mí me moló mucho Suecia: YOU. Quedó 14ª.



Por último, la que ganó, que me gustó desde el primer momento que la escuché.
Dinamarca: ONLY TEARDROPS

domingo, 21 de abril de 2013

Caballos del vino



Para cuando llegamos a Caravaca ellos seguían de cháchara. Tener a dos tíos de copiloto es como el que tiene un tío en Graná. Se supone que me indicarían el camino a los Salones del Castillo, mirándolo al menos en el navegador del móvil, pero ahí seguían, pasando. “Bitter, no te alteres, que esto son dos calles”. Intentando buscar un cartel, una señal, descubrí, a la derecha, un edificio con pinta de salón con mucha gente en la puerta. ¿Será esto? “Tanatorio de Caravaca”. Pues va a ser que no, por lo que decidí parar el coche en seco y consultar mi navegador, pues éstos continuaban mareando la perdiz. Todavía hubo tiempo para pasar por el parque de bomberos antes de llegar a nuestro punto de encuentro, que parece que mi GPS también tenía ganas de guasa.


El motivo de nuestra excursión era un encuentro de twitteros promovido por el ayuntamiento para que conociéramos las fiestas de los Caballos del Vino, candidatas a ser declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y, en la medida que cada uno de nosotros pudiéramos, le diéramos un empujoncico en las redes sociales. 

La jornada empezó en el Templete, donde, tras la interesante explicación sobre cruces, santos, mitos y leyendas, comenzamos un tranquilo paseo por la Corredera bajo un sol primaveral de delicia. Iglesias, cuestas, fotos, twits y, lo mejor, la conversación con M, P y J, nuestros anfitriones, que resolvían mis dudas más elementales, pues yo seguía muy confundida con las fechas. Porque a ver: si los Caballos del Vino no son hasta el día 2, ¿qué fiesta había ese día, veinte días antes? ¿Qué era eso del Día del Cristiano? ¿Era imaginación mía o ahí empezaban la farra mucho antes? Pues efectivamente, tal y como me sospechaba, los caravaqueños se anticipan a sus propias fiestas con tres sábados de pre-fiesta. Lo que viene siendo una con otra. Yo, que acabo reventá tras del Bando y ellos tienen tres: el del Cristiano, el del Moro (del que estarán descansando cuando lean estas líneas) y el del Pañuelo, para después la Noche de las Migas el día 30, como antesala a otros cinco días de intensa actividad festera. Y tan intensa, que tendríais que ver la emoción con la que te cuentan lo que pasa el día de 2, especialmente la subida de los caballos. Y que te lo explique un caballista de primera mano a los pies de la cuesta, que te transmite hasta los pelos de punta y los escalofríos. 

Para cuando llegamos al santuario, donde seguían hablándonos de las bondades, anécdotas y diversos acontecimientos de semejante festival, mi cuerpo estaba ya contagiado de fiesta. Ya llevábamos tiempo oyendo charangas a lo lejos y la primera caña se hacía esperar. En ese momento, mis dos perlas, Y y A, parecieron leerme el pensamiento. “Bitter, estamos secos. Yo una me tomaba”. Así nos separamos del grupo, en busca de una cerveza bien fría. 

Callejeando aparecimos en el Bar 33, mítico y recomendado por todo aquel que vive o ha vivido alguna vez en Caravaca. Conocido por su llamativa decoración, sus tapas, su solera y por lo que sea que nos mola de estos bares de toda la vida, pronto estábamos allí de cañas inaugurando como se debía el Día del Cristiano. De ahí pasamos al Bando, con más tapas, cerves y mogollón, en una Gran Vía invadida por charangas y buen ambiente. 

La comida fue en los Salones del Castillo, donde, además de hincharnos a cosas ricas, compartimos, entre risas, teorías sobre lo que P llamó influyers o cómo llegar a ser trending topic. Qué manera de saltarse todo tipo de dietas y qué manera de liarme. Yo, que había venido en coche para controlarme y volverme antes, pronto me vi de gintonics en el monísimo hotel Almunia. “Cenamos algo y nos volvemos a Murcia, Bitter”, sugirió Y, mientras A proponía bajar a la Zona en busca del pibón caravaqueño.

Dos horas después y sintiéndolo mucho, obligué a mis chicos a levantar nuestro particular campamento cristiano. Una retirada digna y a tiempo que después me agradecerían. Así, nos despedimos de nuestros queridos anfitriones deseándoles unas felices fiestas y suerte, aunque no la van a necesitar. Esa noche #caballosdelvino fue trending topic.

domingo, 10 de febrero de 2013

Así, no



Quiero a mis amigas con locura y me encanta, por encima de muchas cosas, verlas, charlar con ellas de lo divino y lo humano, y ya, si puede ser alrededor de una mesa, degustando maravillas culinarias que ellas mismas cocinan, olvidándome del inevitable aumento de mis lorzas y de mi abandonada operación bikini, mejor que mejor. Sobre todo porque ya no tenemos tanta facilidad para juntarnos. Los maridos, los hijos, el trabajo y los viajes nos obligan a hacer encaje de bolillos para encontrar un hueco en la agenda y, cuando lo conseguimos, parece que sólo puede ser cena y en viernes noche. Otra vez 800 gramos de regalo a la mañana siguiente, pa mí solica durante las dos semanas que tardo en quitármelos. Al día siguiente, que no fui yo sola, todas nos propusimos intentar quedar la próxima vez para aperitivo, comida o merienda, que de grandes cenas...

Y ya no es sólo por los kilos, sino también por salud mental, que he decidido que voy a dejarme las cenas tranquilas en casas de amigas para cuando me jubile. Sonará tremendo, pero siento que no tengo ni edad ni condición para quedarme las noches de los viernes o los sábados encerrada en casa. Me da la claustrofobia vital y me niego a que esto ocurra. Con esa sensación de estar desperdiciando mis fines de semana y, en definitiva, mi juventud, me desperté el sábado pasado. Y es que, si durante la semana me dedico a trabajar, ir al gimnasio, hacer recados y gestiones a toda prisa, ¿cuándo se supone que disfruto de la vida? Si ya los domingos los dedico a currar preparando la semana en vez de ir al cine o salir a dar un paseo, ¿en qué se queda mi vida? ¿En un continuo esperar a que lleguen las vacaciones mientras se me pasa la vida? Así, no. Aquella mañana de sábado me sulfuraba dándole vueltas, así que decidí poner a Dios por testigo de que le daría un giro a mi vida ya y que nunca más iba a comportarme como una viejuna ermitaña, de ésas que viven solas, van siempre en bata y tienen gato.

Aun así, horas más tarde, el plan de la noche parecía volverse contra mí y mis propósitos de giro. Con M enferma en el último momento y la quedada con I y A para ir a la Filmoteca a ver Let it be, la noche del sábado amenazaba con quedarse en “una peli, una caña y nos vamos”, y no lo podía consentir. Entonces los chicos, que propusieron plantarse en la filmoteca con camisetas de los Rolling Stones para llevar la contra, me dieron una idea. Yo aproveché y me puse la mía de Madonna, mi falda de tutú y mi taconazo y, perfumada hasta las pestañas, me senté en mi butaca como si asistiera un estreno. Yo lo llamo a eso actitud.

Al salir, me llevé a I y a A de copas premium, que el Club del Gintonic presentaba su combinación del mes con nombre de Aston Martin, Vanquish, en la Posada de Correos. Poco después llegó L, que enseguida nos convenció de que había que cenar algo y, aunque recordé los malditos 800 gramos, me hizo mucha ilusión ir por fin a De3en3. Llevaba meses queriendo conocerlo, no sólo porque lo regentan unos amigos míos, sino por todas las buenas críticas que he leído o escuchado. La cena, deliciosa y divertida, en parte gracias a la compañía, me rechifló, desde el donut de berenjena hasta la tarta del postre, momento en el cual aparecieron J y P, que venían del teatro y decidieron unirse a nuestra ruta. 

La siguiente parada fue en el Café Ficciones, donde estaba teniendo lugar la fiesta God Save Queen, dedicada al gran Freddy. Confieso que estaba feliz, de risas con mis amigos y recuperando mi vida de chica de mi edad y condición, que sale de copas a lucir palmito. 

El remate fue en Salitre 48, donde la música me encanta y me hizo contar los días para el SOS. Una horica después, al entrar a mi casa, tuve hasta que tuitearlo de la emoción que me embargaba: “Son las 3:45 de la mañana y vengo de fiesta con los tacones en la mano. Así, sí.”

domingo, 20 de enero de 2013

Tesoros

En la última reunión de departamento debatíamos sobre, entre otros, la posibilidad de que algún guiri británico de ésos que tienen tiendas de segunda mano por los pueblos de la costa murciana, viniera a nuestra escuela a dar una charla. Al fin y al cabo esas tiendas son pequeñas ONG y tienen como trasfondo un proyecto solidario, un pequeño servicio a la comunidad, por lo que la idea de que contaran cuál era el destino de esa ayuda nos pareció bastante atractiva en principio. “Pues no estéis tan seguros – interrumpió alguien – que yo creo que al español medio esto de comprar objetos usados no  le va”. “Pues va a tener que empezar a gustarle”, señaló G algo agorero con los tiempos que corren. 

Inevitablemente pensé en mi amigo N, de cuya impredecible cabeza pensante surgió, poco antes de la Navidad, un grupo en facebook llamado “Trueque”, por el que, como su propio nombre indica, sus miembros intercambian cosas. Objetos innecesarios o abandonados, cosas útiles que ya no se utilizan, artículos y moda vintage, libros y hasta obras de arte, pequeños tesoros olvidados en un rincón de la casa que, quién sabe, pueden hacer feliz a alguien o incluso a ti mismo con otro tesoro inesperado. “Llevamos un mes haciendo trueques y todavía nadie ha mencionado la palabra euro”, me contó N. No tardé en unirme y pronto N publicaría una oferta que no pudimos rechazar: “Ofrezco tres sábados de curso de introducción a la Historia del Arte a cambio de diez kilos de comida, una bolsa de ropa usada y juguetes que se destinarán a Cáritas o similar”.


Pasó la Navidad y con el año nuevo N puso fecha al curso que nos prometió. Así, el primer sábado, nos convocó a las 11 de la mañana en el Museo de Bellas Artes de Murcia. Y debería darme vergüenza admitirlo, pero por fin tenía una excusa para visitar el MUBAM, pues nunca antes había estado. Y es que… Que levante la mano a quien no le pasa, que cuando vamos a cualquier ciudad del mundo nos hinchamos a ver museos, pero no conocemos los tesoros que posee la nuestra. Porque yo creo que el MUBAM es un tesoro y poco tardé en darme cuenta de ello. Con una mezcla entre, como decía, vergüenza y emoción, crucé las puertas del museo para, enseguida, escuchar atentamente las explicaciones de N, que nos hablaba del Gótico, del Renacimiento, de retablos, técnicas y anécdotas, sirviéndose de las obras del museo. Con lo que a mí me gustan las visitas guiadas. Una maravilla también poder volver a asistir a una clase de arte, y más entre amigos, que lo mejor vino después, pues decía N que para eso nos habíamos reunido.

Tras el arte y, con la satisfacción de sentirnos todos un poquito más sabios, nos dirigimos a tomarnos el aperitivo, y el lugar elegido fue otro tesoro de nuestra Murcia, el archiconocido e histórico Garrampón. Entre cañas y salchicha seca seguíamos comentando obras y preguntando dudas a N, que hacía de anfitrión en un grupo de desconocidos en el que pronto surgió la amistad.  

Desgraciadamente no pude quedarme mucho tiempo, pues ese día comía con mis compañeras de trabajo en el quiosco del Parque de la Seda, otro tesoro escondido al que nos gusta mucho ir. Sin embargo esta vez no teníamos el cuerpo para fiestas, pues la comida fue la excusa para reunirnos e irnos juntas al funeral de un amigo. 

Dicen que el que tiene un amigo, tiene un tesoro y, aunque puedo considerarme millonaria, la semana pasada me sentí muy pobre al perder a uno. AL, compañero de trabajo, nos dejó inesperadamente hace dos viernes. A él, que siempre fue un amigo al otro lado del teléfono, a él, que pacientemente contestaba mis dudas absurdas y siempre siempre siempre me hacía reír, a él, que tenía la capacidad de sacarme una sonrisa con tan sólo sus iniciales al final de un email, a él, que me leía todos los domingos, van dedicadas hoy estas letras.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Breathtaking Christmas

The lights go on
the lights go off
when things don't feel right
I lie down like a tired dog
licking his wounds in the shade

 

when I feel alive
I try to imagine a careless life
a scenic world where the sunsets are all
breathtaking


Hoy voy a celebrar que a mí la lotería ya me tocó, Papá Noel me dejó mil regalos y los Reyes ya me llegaron cuando os conocí a vosotros. 

Muchas gracias por haber pasado por mi vida este año y haberme dado tanto. 

¡Feliz Navidad!
  Os deseo un mundo de atardeceres impresionantes
...

domingo, 16 de diciembre de 2012

Hungry hearts

Estos son mis amigos (y yo), la noche del potaje bochero.


Otro amigo, mi querido sushi de anguila, dice que a esta foto le pegan estas dos canciones:


Y yo no se lo voy a discutir.

A todos ellos, a los que estuvieron en la cena, a sushi y a @vasicodeleche, que la echamos de menos, les dedico este minipost. Gracias por ser tan chulérrimos y haber hecho de mi 2012 un año tan especial.

Una chica con suerte



En una mano el móvil, en la otra, el postre, y por dentro, además de frío, un cabreo de mil pares de narices y muy pocas ganas de na. Con el pulgar derecho comprobé la hora en el móvil en la puerta de mi casa y efectivamente, llegaba tardísimo. ¿En invierno todo se atrasa? ¿O soy yo que no calculo bien los tiempos? Los viernes además es que se han convertido en días malos, de mucho curro, dolor de cabeza y prisas por hacer las mil cosas que no me dio tiempo a hacer durante la semana. Se me atragantan los días y, para cuando llega el viernes, estoy torcida y de mírame y no me toques. 

“¿Qué cara nos traes?” me preguntaron mis amigos cuando llegué donde habíamos quedado. “No quiero hablar de ello. Hoy no es mi día de suerte”, y sin decir nada más, pero pensando “quién me mandaría a mí”, me metí en el coche y salimos hacia casa de N y P, que esa noche nos ofrecerían un potaje bochero, un plato típico de la zona de Yeste, con más calorías que pelos tengo en la cabeza.

Al llegar, M nos tenía preparados unos deliciosos Martinis con olivica, rodaja de limón, palillo fashion e ingrediente secreto, y cuando ya empezaba a enderezarme y entrar en calor, K se acercó con un pequeño regalo para mí: una planta de la suerte de La Envidiosa. Pero qué leches es esto. Una cajita metálica que contenía una mini maceta, un poquito de tierra y una habichuela con la palabra suerte escrita. Junto a todo eso, un papelico con una leyenda larguísima y una letra mínima, que me dejé para leer después de la cena. Estaba yo, con mi rebote, y mi Martini en la mano, para leer sobre plantas mágicas.

Cinco horas después, llegaba yo a casa tras la cena, las copas, la ingesta de varios millones de calorías, las carcajadas y una tertulia que creo que no olvidaré jamás. Y, ya con otra cara, decidí dedicarle un ratico a la planta aquella. “Todos tenemos suerte, sólo debemos regarla día a día”. Y así, con esa frase en negrita que se me clavó cual mantra, el papelico me indicaba que tendría que regar la habichuela ésa un poquito todos los días para poder cultivar mi suerte. Frases del tipo “regar mis sueños” y “la suerte está en nosotros” retumbaban en mi conciencia recordándome lo tonta y lo dejada que puedo ser a veces, y la capacidad que tengo de olvidar lo afortunada que soy. Entonces me acordé de lo del frasco. Algo que vi en internet sobre por qué no empezar desde enero a llenar un tarro con papelitos que cuenten todas las cosas chulas que nos pasan cada día, y así, en la Nochevieja siguiente, vaciarlo y recordar las vivencias del año. Entonces, inmediatamente, elaboré un plan, que yo a enero no me esperaba.

Todos los días regaré mi planta y escribiré desde ya, en un papelico, las cosas buenas que me han pasado este año y las no tan buenas pero que me hacen reír. Voy a por todas, pues tengo dos semanas para llenar el frasco de anécdotas y momentazos, para así, en la cena de Nochevieja, poder repetir las risas de las cenas con mis amigos y añadir alguna más. En ese mismo momento, y una vez encontrado mi frasco, incluí el hipo de mi sobrina, la historia de la gata de P, la del chico que me pilló con la bragueta bajada y la noche del potaje bochero, cuya guinda puso mi genial amigo L con la lectura dramatizada de Cincuenta sombras de Grey.

Definitivamente soy una chica con suerte y, aunque soy consciente de que todo llega si te lo curras, también sé que cuando más negra es la nube que me rodea, tengo quien me la despeja y me recuerda lo afortunada que soy. Soy una chica con suerte y prometo esforzarme regando mis sueños todos los días, especialmente esta semana, en la que ya sea con mis amigos, mi planta, mi frasco, o mi décimo de lotería, buscaré mi suerte con más ilusión que nunca.

“He ido a la Envidiosa y me he comprado un viaje”, reza el anuncio de esta administración de lotería. Pues yo este año me pido la Polinesia.