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lunes, 3 de junio de 2013

El día del bicho de bola


by Gonzalo Inigo

“¿Dónde te metes? Que ni llamas, ni te dejas ver…”. En la recta final del curso, que para algunos se trata del verdadero fin de año, las frases del estilo se repiten. Que no se me ve el pelo, que no hay quien me pille y que no paro. Y lo sé. Que ya no soy lo que era, que parece mentira, con lo Gunilla que yo he sido, que da la impresión de que ya no estoy en ninguna. “Hago lo que puedo”, respondo, y procuro, aunque sea con cachitos de mi tiempo, abarcarlo todo aunque sea en pequeñas dosis, pero ya lo dice el refrán que me ha dado por repetir en plan mantra: el que mucho abarca… Y así me va. Que la carga de cosas y la falta de tiempo hacen que no libere toda esa tensión hasta que estoy tranquilamente durmiendo en mi cama. Entonces me despierto en plena noche, alterada con la idea más peregrina sobre vete a saber qué y empiezo a darle vueltas y vueltas. Luego ya, si me rindo, suelo meterme a twitter y, con suerte, me encuentro con algún insomne, o incluso algún amigo médico de guardia, con el que me pego unas risas tontas. Si puedo, además me atraso el despertador de la mañana siguiente, que me proporciona una horica más de sueño que me da la vida.

El pasado martes no me atrasé el despertador, y la falta de sueño no me dejaba ni salir de la cama, ni abrir los ojos, ni encontrar en mi mente, ni rebuscando, las ganas de na o siquiera la sombra de algún pensamiento positivo. Que dicen que, estadísticamente, el martes es el peor día de la semana y yo, que en ese mismo instante me acordé del dato, presentía un grandísimo día de mierda. Y ya el mismo pensamiento negativo te da rabia porque sabes que todo es actitud y que, efectivamente, como sigas así, no va a haber quien te salve de la hecatombe. Decidí entonces pirarme al gimnasio, para ver si la liberación de endorfinas mejoraba mi perspectiva, pero nada. Lo que es no dar pie con bola, que hasta el profe me preguntó que si estaba bien, lo mismo mis compas del vestuario, que observaban mi mañana más torpe. “Eso es que tienes demasiadas cosas en la cabeza”.

Al llegar a casa, me tiré al sofá y di por inaugurado el día del bicho de bola. Lo que habría dado por quedarme ahí, en posición fetal y que el mundo siguiera girando, que yo pasaba de todo.

En las siguientes horas se sucedieron todo tipo de anécdotas y desgracias dignas de un día catastrófico. Yo intentaba animarme leyendo señales: una canción, un rayo de sol, una frase graciosa oída en la calle… Sin embargo, los elementos seguían en mi contra. Desde la báscula cabrita, hasta la pared de mi garaje que rocé aún no sé cómo, se empeñaban en hacerme la vida imposible. Luego, en el trabajo, no pudo la tarde estar más llena de sorpresas e imprevistos y, pese a que no se me olvidaba lo que me anunció la báscula por la mañana, acabé ahogando mis penas con medio bocata de nocilla en la cantina, y que se mueran los feos.

En el coche de vuelta, mis compañeras intentaban animarme estableciendo que, por un simple cálculo de probabilidades, si hoy era un día malo, mañana tenía que ser bueno. Y que ya estaba a punto de llegar a casa y allí estaría a salvo y, podría, si quería, hacer el bicho de bola hasta la mañana siguiente.

Así hice, hasta que de repente me pareció oír llover. En estos días de tiempo disparatado no me extrañó, pero aún así decidí asomarme al patio de luces a comprobar si era cierto. Entonces pasó lo que sólo puede pasar un día como ése. Sin que yo pudiera remediarlo, se me cayeron las gafas en plena oscuridad, desde cuatro pisos de altura. Definitivamente, tenía que acostarme y respirar hondo, sobre todo para evitar el infarto.

Al día siguiente, cuando salí de casa de la vecina que rescató mis gafas intactas, no pude si no apretarlas con fuerza, cerrar los ojos y repetirme unas mil veces: Hoy va a ser un gran día.

domingo, 14 de abril de 2013

Un gremlin de mediana edad



Me decía un amigo profe que esta semana le había costado horrores la vuelta al trabajo. Y no es ninguna tontería, pues quizá, para los profes, esta haya sido la semana más dura del año, al ser en la que más lejos quedan las siguientes vacaciones. Yo le doy la razón en cuanto al lunes, que, con el cuerpo todavía arrastrando los excesos de las fiestas y en especial la de todo el día tirá por la calle el sábado del Entierro de la Sardina, me sentó como una señora patada en el estómago cuando, al sonar el despertador y, con un ojo abierto y otro cerrado, hice un pequeño recuento y maldije mi suerte. Hasta agosto madrugaré todos los lunes, que se dice pronto pero son muchos lunes, y psicológicamente... 

Psicológicamente, en mi coco, había más por detrás que, tres días antes, otro tipo de realidad me había golpeado más fuerte.

Sucedió la noche del jueves anterior, cuando, por un error de cálculo, me quedé sin ir con mis amigos a una barraca. Así, cené ya bastante tarde y solica en casa y, cuando me di cuenta, eran las once y media pasadas. Ahí estaba yo, mirando el reloj de la cocina y comiéndome mi pechuga de pollo casi a media noche. Me quedaban veinte minutos para convertirme en… ¡un gremlin de 35 años! De repente paré de masticar y se hizo un silencio ensordecedor. Mil pensamientos me venían a la cabeza, junto con unas ganas de llorar tremendas. Enseguida, a modo de campanas de Nochevieja, me empezaron a llegar mensajes de whatsapp y menciones en Twitter y Facebook: “Feliz cumpleaños, Conch”.

En la vida me había sentado mal cumplir años, pero los 35 se me estaban atragantando de mala manera. Al irme a la cama pensé que debía ir aceptándolo: Ya soy una mature, y así lo anuncié en Twitter. Al día siguiente no dejaban de llegarme, por todas las vías posibles, montones de felicitaciones y buenos deseos, así como mensajes de ánimo. Con especial cariño recordaré siempre los de un par de amigos cuarentones simpáticos que, con frases del estilo de “Ahora viene lo interesante” y “En cinco años comienza espectáculo”, intentaron hacerme cambiar de opinión respecto a mi recién estrenada viejunez. ¿Qué espectáculo? – pensé. ¿La menopausia?

Una semana después y tras varias celebraciones (que es que yo, cuando me pongo, soy muy gitana), veo la cosa de otro color. El cambio de chip, el clic, me llegó el domingo pasado, Día Mundial de la Salud, mientras esperaba a L en la Plaza Belluga. Debió de ser la catedral, la temperatura primaveral o la gente que vi pasar frente a mí. Además, me acordé de lo que me contó M, que de pequeño, los 35 significaban para él mediana edad por una mera conclusión matemática. Para alguien con mil neuras como yo, y a la vez tan fan de empezar nuevas vidas cada dos por tres, sentí que no debía desaprovechar la oportunidad que se me presentaba. Cambiar de vida en el supuesto ecuador de la misma, que visto así no parecía ser demasiado tarde.

Así, elaboré mentalmente una pequeña lista de propósitos para, poco a poco, ser un poquito más feliz y, a la larga, mejor persona. Analizando mis errores de los últimos tiempos, decidí en primer lugar restringir el uso de las redes sociales y “la maquinica” (así llama mi padre a mi móvil), y volver al cara a cara. Así, cuidar a mis amigos y hacerles más huecos en mi agenda. Agenda con la que no perderé el tiempo planificando cosas… que luego no tengo tiempo de hacer. De ese modo me dedicaré más a cuidarme, mimarme y también a dormir más horas. Por último, aunque difícil, intentaré ahorrar algo, me esforzaré en reírme todos los días y prometo que nunca más volveré a comer nada pasada la medianoche.

domingo, 3 de junio de 2012

Cosas de chicas


Fue al verlo en la pantalla de su ordenador, que notó que se ahogaba un poquito. Pero ya, cuando se lo confirmaron por teléfono, a mi amiga C le faltaba la respiración. Algo nos había adelantado en un mensaje en nuestro grupo del whatsapp, por lo que estábamos pendientes de su estado de ánimo, pero no fue hasta que tecleó “llamadme” cuando nos pusimos en guardia. Fue T el más rápido en reaccionar y, al llamarla, C le cogió el teléfono sin hablar, entre sollozos. “Coge una bolsa de plástico, respira dentro de ella y túmbate. No hables, no hace falta”.

Poco después C recuperaba el habla, dejaba de llorar, y las chicas le prometimos unos quintos esa misma noche. Y por qué no, subir al Quitapesares, que para eso está. O mejor todavía, subir a lo alto del monte a gritar y desahogarse. Y respirar. “Si grito ahora, vomito”, nos dijo.

L cumplía 35 años ese mismo día, y decidió que ese año no lo celebraría como lo hacen los adultos. Ni copas en un bar, ni cena con íntimos, ni un formal café con dulces en el salón de su casa. Tampoco quería chicos en su fiesta ni amargarse por la operación biquini. Como cuando éramos crías e invitábamos a las amigas a gofres en el Pannekuker, L quiso celebrar su cumple con tartas y batidos en Peggy Sue’s. Y ahí que nos juntamos quince amigas a disfrutar de pasteles, tortitas y deliciosos milkshakes rebosantes de espuma. Y que se muera el que no nos quiera.

A las chicas del blog Rock n’ Glam las conocí poco después del SOS. Habían organizado un concurso para encontrar el Mejor Look SOS 4.8 y me pidieron que fuera la madrina en la entrega de premios que tuvo lugar esa misma noche en el restaurante San Lorenzo 5. Así, una buena muestra de la blogosfera de moda murciana se dio cita en ese coqueto cóctel luciendo palmito y look fashion. También estaban allí las chicas de CartónCartón, con las que hice muy buenas migas y con cuyas pizarras nos divertimos posando en el photo-call. Tras la entrega del premio a Lolica, del blog Las Lolicas de Siempre, salí pitando a mi último encuentro de la noche, quizá el más importante.
(Podéis ver todas las fotos del evento pinchando aquí)

A las 10 en punto pasaron J, B y la tristona de C a recogerme en la puerta de la Iglesia de San Lorenzo. “Bitter, ¿al monte con tacones?”. Y es que ellos iban en plan campestre, con deportivos, vaqueros y un pastel de carne gigante. De la cerveza se encargaron T y D a los que nos unimos a mitad de camino.

Y así, por los Teatinos, subimos a donde las antenas, al mirador más bello que existe en toda Murcia. Allí intentamos animar a C, que muy callada diseccionaba su pastel de carne y le daba sorbitos tímidos a su cerveza. En lo alto y en la oscuridad, entre las lucecicas de la ciudad, jugamos a buscar la Catedral, las Atalayas o el Cristo de Monteagudo, y nos emocionamos al ver el tren de Madrid entrando a Murcia, como una oruga fluorescente trazando una línea horizontal en medio de tantas luces y formas.

De repente, el silencio a nuestro alrededor se vio interrumpido por unos cánticos extraños con voces femeninas. “Callad, callad”. ¿Se estaban peleando? ¿Estaban cantando? ¿Eso es español? Y yo, que soy muy cobardica, me imaginé un rito del que no me apetecía formar parte. “Aleluya, aleluya” nos pareció entender, momento en el que B decidió que era mejor largarnos.

Con las luces del coche vimos que se trataba de unas niñas, que en corro y cogidas de la mano, entonaban una especie de conjuro muertas de la risa. La misma risa que de repente le dio a C, que pareció resucitar de su sueño. “Vamos al Quitapesares, a Murcia todavía no”. Y así, al bajar del coche, nos pidió que formáramos un círculo. Y con una sonrisa miró al cielo y gritó algún que otro improperio.

Dedicado a todos los que han recibido malas noticias esta semana, y a los amigos que nos ayudan a superarlas. Gracias.

miércoles, 25 de abril de 2012

Do Wah Doo

Dedicado a ella, la peor, por haber nacido para hacerme la vida imposible.

(Nota para mi amiga K: Esto puede que me traiga muy mal karma, pero no creo que las cosas puedan ir a peor y... ¡tengo que desahogarme!)




Everybody thinks that girl’s so fine
Everybody’s like “I’ll make her mine.”
Everyone thinks she’s a bit of alright
But I think that she’s not so nice

Every guy’s looking in her eyes
Every guy’s checking out her thigh
Everyone thinks that girl’s a lady
But I don’t, I think that girl’s shady.

I'll just read a book instead.
I don't care if we're just friends.
I can hang out with myself
I'm old enough now to pretend.

I'll just read a book instead.
I know that you think she's best
I don't even think she cares,
I don't know what you see-
There's nothing there.

Ba bom ba bom ba bom bom
Ba bom ba bom ba bom bom
Ba bom bom Ba bom bom
Ba bom ba bom ba bom bom

Well I think she’s a b—-

I'll just read a book instead.
I don't care if we're just friends.
I can hang out with myself
I'm old enough now to pretend.

I'll just read a book instead.
I know that you think she's best
I don't even think she cares,
I don't know what you see-
There's nothing there.

Ba bom ba bom ba bom bom
Ba bom ba bom ba bom bom
Ba bom bom Ba bom bom
Ba bom ba bom ba bom bom

Ba bom ba bom ba bom bom
Ba bom ba bom ba bom bom
Ba bom bom Ba bom bom
Ba bom ba bom ba bom bom

Well I think she’s a bitch

lunes, 28 de noviembre de 2011

En casa con La Roux

Me encuentro en casa malica, con un catarro de caballo, vagando del sofá a la mesa y de la mesa al sofá. Ojeando el twitter, limpiando mi email de correos antiguos y corrigiendo las redacciones de mis alumnos... hasta que de repente me ha dado mala conciencia...

Tengo el blog abandonao, yo que me propuse hacer más posts en el 2011 que el año pasado me hago cargo de que, para variar, soy un desastre haciéndome propósitos. Y es que ando hasta arriba de curro y de... vida! Asi que he pensado, que para una vez que tengo la tarde en casa para mí, podría utilizarlo en mi blog, que cumplió 4 añicos el pasado viernes y no lo celebré, como siempre ha sido mi costumbre. Oh well.

Para ambientar este mierdi-post de excusas, lamentos y lloriqueos, os pongo mis 3 canciones favoritas de La Roux, que van de todo lo contrario.





viernes, 21 de octubre de 2011

Loco por mí

Quiero que se me pinte bonita la vida.
Que no me pierda otra vez buscando esas flores de papel
que alguien pintó del color que quería pa mi vida.

Yo sólo soy un payaso con gafas azules.
Me las dieron hace tiempo a cambio de fama
y una historia pegada a la espalda:
“Esta niña no ha roto nada”,
y en mi vida, mi amor, esto no es lo que quiero
Que no me rompan las ilusiones.
Quiero quedarme tranquila durmiendo en tu almohada
y no ver después que no sirvió de nada.

Yo que te he prometido toda la vida.
Yo que he esperado tanto a que llegaras
y ahora, siempre te miro de afuera,
como si yo no estuviera.

PARA HACERME FELIZ HAY QUE ESTAR

MUY LOCO POR MÍ.

sábado, 4 de junio de 2011

Animalicas

Descubriendo a Soledad Vélez... ideal para mañanas como ésta.

Con Josephine empiezas a pensar que ya ha llegado el verano y sonries con el sol que aparece por las ventanas, mientras te haces el desayuno... aunque sea de dieta. Y hasta bailas, meneando el culete  gordo, olvidándote del mosquito que te ha picado en la frente y de muchas otras pequeñas desgracias, como la del chico que otro día más sigue sin llamarte. Maybe next time.

Otras preciosas, para seguir la tranqui-morning pre-veraniega: su versión del Summertime, otras suyas como I've gone so long, y Animals, que me recuerda que esta noche voy al concierto que dará Najwa Nimri en la sala 12ymedio.

Por aquello de las escarpias, me prepararé los pelos para canciones como ésta:



Post dedicado a @crisga82 y a @alfonsoclrm. Gracias, hermosos.

jueves, 19 de mayo de 2011

Mi sala de profesores

Ésta es una de las fotos de mi escuela que me ha pasado mi directora. La hizo cuando fueron a ver si podrían rescatar unos ordenadores... Lo que se ve a la izquierda es mi sala de profesores.


No nos olvidemos de Lorca.

Todos con Lorca.

domingo, 11 de julio de 2010

Ganar


Fue el miércoles por la noche, tras la semifinal, al acostarme. A pesar de que mi dormitorio da a un patio interior y que la calle donde vivo es prácticamente peatonal, desde mi cama escuchaba el barullo lejano de las vuvuzelas que en la Gran Vía celebraban ya que somos casi campeones del mundo.

Entonces, dado el nivel de demencia que estoy alcanzando últimamente, en una de estas reflexiones que me da a mí por hacer, de éstas en las que prácticamente me hablo sola y hasta me discuto, no podía dejar de pensar en el concepto de ganar, en la suerte, las victorias, los goles, los puntos, el verdadero mérito y la tontería aquella de la visualización. Y recuerdo que España ganó la Eurocopa visualizando que podían el mismo día que yo, igualmente visualizando, me saqué una oposición. España ahora se cree ganadora y eso hará que esta noche gane a Holanda pero, sin ánimo de nada y tocando madera ¿y si te ves ganadora y de repente, por un simple gol, no ganas? ¿Sigues siendo ganadora? Que llegarán tu madre, tu padre, tu novio y tu mejor amiga diciéndote “nena, tú vales mucho” pero ¿eso hace que no te sientas perdedora? Porque es que encima yo, cuando pierdo algo gordo, no puedo evitar hacer recuento de las desgracias que acontecen en mi caótica existencia: en lo sola que vivo, en el último chico que me dejó (por aquello tan absurdo), en los otros tropecientos que pasan de mí, en el reloj biológico, en que he engordado 2 kilos, en que todavía no tengo viaje para este verano, en que no tengo tiempo para hacer vida social ni para nada, ni para ir de rebajas, ni limpiar mi casa, ni poner la lavadora… y encima no hace sol el único día que voy a la playa, y ya lo veo todo negro hasta lo menos el verano que viene y encima… todas esas frases que empiezan con “y encima”. Y que te vengan con el “al menos tienes salud”, que te hace sentirte la persona más miserable del mundo.

Hasta hace bien poco tenía un sueño, una ilusión que visualicé durante mucho tiempo. Me vi como la mejor y de repente todo se fue al traste sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, por una cuestión de puntos. Y te da rabia, porque si llevas un tiempo currándotelo y está demostrado que eres la mejor, pero al final un “gol” de mierda te aparta de tu sueño ¿qué es entonces lo que cuenta? ¿Qué significa realmente la palabra mérito? Sea en el terreno que sea: en el laboral, el amoroso, el familiar, ¿por qué siempre hay alguien que tiene más puntos que yo?

Todas estas reflexiones me duraron, como mucho, 24 horas, que hay un momento en que una, cansada de darse coscorrones contra la pared, decide bajar al mundo real y darle la vuelta a todo, y ése, señores, es el verdadero mérito.

Sigo siendo ganadora porque lo digo yo y porque lo sabe hasta el de la camisa. Porque no vivo sola, sino independiente y hago lo que me da la gana desde que me levanto hasta que me acuesto. Sigo siendo ganadora cuando los tíos me demuestran lo capullos que son dejándome (escapar) por algo tan absurdo como llegar tarde. Soy ganadora con mis kilos de más porque estoy buenísima, y al que no le guste que no mire, que además gracias a ellos no me tengo que comprar un armario nuevo (y precisamente ayer, milagrosamente, tuve tiempo de arrasar las tiendas y también he encontrado un vuelo tirado a Estocolmo).

Soy ganadora, gane o no gane, igual que lo es ya la Selección Española de fútbol. Y si aún así, aún con ésas, te sientes en la necesidad de hacer ruido, te recomiendo que te hagas con una vuvuzela, por si todavía tienes que soplarle a alguien en la oreja… y que se meta su baremo de punticos por donde le quepa.

viernes, 18 de junio de 2010

Tenemos que hablar


Me pasa una cosa muy rara. Sufro ataques de amor. El más gordo me pasó la otra mañana al salir de tu casa, al despedirnos en tu portal con un beso, antes de meternos cada uno en un coche para ir a trabajar. Sería el fresquico de la mañana, o ese rayico de sol, o lo bien que olías y lo guapo que estabas, que me hizo desear que ese momento se repitiera siempre, todas las mañanas. También me pasó aquella tarde en los Zagales o la noche que apareciste por sorpresa con dos pastelicos de carne en la mano.

Pero no sólo es eso, que es que me veo que necesito hablar contigo a todas horas. Ya no me vale con saber de tu existencia una vez a la semana. Ya no me vale con el sms aquél que a lo mejor me mandabas tú y yo te contestaba a las tres horas, si podía, si me apetecía. Ahora me encuentro que necesito, mínimo, un mensaje diario y si eso, una llamada nocturna, para preguntarnos cómo nos ha ido el día y para, lo admito, oír tu voz, que me encanta cómo suena tu risa por teléfono. Y como los locos, miro el móvil a todas horas y compruebo que no hay mensajes ni llamadas perdidas y que llevo el volumen al máximo, no vaya a ser que no te oiga si me llamas. También pierdo el tiempo releyendo mensajes antiguos, tanto los que me enviaste tú hace tres meses, como los que te contesté yo, y con algunos se me cae la baba de una manera que me río sola y la gente me pregunta que qué me pasa. Los emails también los releo cuando nadie me ve, que son más largos y así puedo regodearme en cada palabra.

Habrás notado también que últimamente te mando más mensajes y de verdad que lo siento. Si supieras que cuento hasta diez antes de ponerme con las teclas. Si supieras que me siento sobre las manos para retenerlas y así evitar acosarte y parecerme a la de Vitaldent (que los mandaba de seis en seis, y era una vergüenza para todas las mujeres).

Más grave aún: estoy empezando a imaginarme situaciones contigo y me monto unas películas... Situaciones de futuro, en las que estamos juntos sin escondernos. En las que tenemos una relación seria (me cuesta pronunciar estas dos últimas palabras), repleta de momentos normales: fiestas con tus amigos, un arrocico al aire libre con mucha peña, una visita al Museo de arqueología subacuática de Cartagena, una excursión por Moratalla, por aquel sitio de rocas y praderas de violetas, un aperitivo con mis amigas en el chiringuito de Juanjo, o incluso cogiendo un avión rumbo a alguna ciudad del Mediterráneo, o un poco más lejos…

Ahí es cuando no me gusto. Soy muy bocas y se me está yendo de las manos. Y es que intento ser sutil y no me sale, preguntándote demasiado por tus planes de verano mientras, mentalmente, repaso mi agenda para incluirte en ella. Además noto que evitas contestarme (no vaya a ser que derive esto en un “tú y yo qué somos”) y, sin querer, me dejas más vacía que antes. Y me lo merezco, que me estoy poniendo muy pesada y patética. Que a lo mejor la idea de Hong Kong era un poco disparatada pero ¿qué te parece Malta? O yo que sé… ¿Mojácar?

Estoy empezando a sufrir. Esto ya no es divertido. Me consta que no quieres líos, que ya lo hablamos, pero últimamente, con mis películas y mis ataques de amor, me había dado por pensar en lo que pensamos todas las mujeres: el Milagro. Que hubieras cambiado de opinión y te apeteciera incluirme en tu vida. Pero como eso no pasa y no voy a conseguir ni que seas sincero, ni que me digas que te apetece ir pa’ lante con todas las consecuencias… Creo que deberíamos dejarlo.

sábado, 12 de junio de 2010

Sábado 12 am


En el fondo me río. Me río porque si hace una semana mismo, que estaba yo en Madrid a estas horas, pensaba que la anterior había sido una semana horrorosa... pues no os cuento ésta.

Ésta empezó a ser horrorosa de repente ya el domingo con una gota que colmó un vaso, un "ya-lo-que-me-faltaba" y aún así, yo el lunes, con el rollito del Possunt, me deseaba un final feliz... Ingenua.

Esta semana, con el Día de la Región en medio, en la playica, pensábamos que iba a ser la gloria bendita... y ha supuesto un caos... (¿qué día es hoy? ¿dónde está mi agenda?).

Y además he descubierto que hay mucha gente mala a mi alrededor. Jugando sucio. Mucha sonsa, minsa, mustia, trepa, sucia, perra... MARRANA! Y esta batalla, que en el fondo es absurda, la tengo que ganar yo. La voy a ganar yo.

Tras diez horas de sueño que me he regalado, mi encefalograma está plano. Hablo entrecortada, escribo entrecortada y no hilo mis ideas.

No quiero pensar en la semana que viene, ni en la otra, ni en la otra...

Me voy a la playa a recargar la batería.

domingo, 6 de junio de 2010

Possunt, quia posse videntur


Cuando me agobio y me estreso, cuando tengo muchas cosas que hacer y no encuentro el momento de parar…

Cuando lo veo todo negro y encima va el cielo y se vuelve gris anaranjado oscuro y me cae un chaparrón del quince por la Avenida de la Libertad (¡¿visteis lo del jueves?!)…

Cuando engancho una cosa con otra y llego tarde a todos sitios, y se me ocurre pensar que necesito que los días tengan treinta horas, o que por el contrario acaben ya…

Cuando me estoy asegurando una muerte prematura durmiendo menos de 6 horas, o me despierto una hora antes de que me suene la alarma y ya no sé si es por el calorapio murciano o porque no descanso el coco…

Cuando quiero partirme en dos, en tres y hasta en cuatro trozos, y además saltar en plan Matrix, por no decir sacarle los ojos, a todo el que se me ponga por delante…

Cuando todo eso y más me ocurre… entono una frasecica muy mona, en plan mantra, que mi hermano me enseñó: Possunt, quia posse videntur (Pudieron, porque creyeron poder). Y ahora me pongo filosófica y casi culta, y con el permiso de ustedes y el de mi hermano, les contaré una historia que él me contó a mí hace dos años, en un maldito día pre-oposición:

Cuenta Virgilio en el Libro V de la Eneida que en unos juegos, los remeros troyanos con Mnesteo al frente en la nave Pristis iban los últimos en una carrera de cuatro barcos. Aún contemplando semejante panorama, no perdían la esperanza y seguían luchando rema que te rema para, por lo menos, no llegar los últimos y evitar la vergüenza. En esto que el barco del tercero (un tal Sergesto) se come una roca. Y nuestro amigo Mnesteo lo adelanta. Luego adelantaría a Gías, que se había quedado sin timonel en su nave Quimera y se había puesto a tiro de piedra justo detrás del primero, Cloanto. Es ahí cuando Virgilio explica el por qué de su remontada, pues cuando todo parecía perdido se habían posicionado milagrosamente en segundo lugar y al que parecía tener la carrera ganada ahora le temblaban las paticas porque temía perder la gloria frente a los que, en principio, menos posibilidades tenían. Y es que éstos eran a los que “el éxito les alentaba: Podían porque creían poder”.

Y en eso consiste: en verlo, en creértelo, en aquello de la ley de la atracción, en el “Po-de-mos” de la Roja de la Eurocopa de 2008, en el “Yes, we can” de Obama y en la selección sudafricana de rugby, que imagino que habréis visto “Invictus”...

¡Ah! Al final nuestros remeros ganaron y yo me saqué la oposición, que no me dejo el cuento a medio.

Este artículo de hoy se lo dedico a todos aquellos que han tenido una semana nefasta, entre los que me incluyo. A todos los que hemos ido con el agua hasta el cuello y la lengua fuera por el fin de curso, la planificación del verano, los proyectos para el año que viene y cualquier otro marrón imprevisto. Respiremos y mirémoslo por el lado positivo: ya ha acabado la semana, hemos sobrevivido y estamos a domingo leyendo el periódico.

También, cómo no, le dedico esta historieta a aquellos que no han terminado de remar y saben seguro que todavía les quedan varios tramos difíciles con rápidos y más rocas: mis compañeros opositores, a los que les deseo mucho ánimo, resistencia y visión. Que recuerden que creyendo que se puede es la mejor forma de poder. Y que piensen que, como los troyanos, aunque vayan de últimos, aunque tengan ganas de lanzar los remos por la borda, aunque sea una cuestión de números y parezca que está todo perdido, siempre les quedará la posibilidad de que alguno se trague las rocas y quede un hueco para remontar.

Mucha suerte a todos.

domingo, 16 de mayo de 2010

La dieta del...


Cuando llevas cuatro meses con una dieta poco estricta y eres un poquito débil de voluntad, hay un momento en el que te saltas el régimen por norma, mínimo una vez al día. Que si un trocico de pan, que si “esto tampoco engorda tanto”, que si “luego lo quemo”, que si “total, una cañica”, que si entro a un chino y me compro unas gominolas… Si ya a eso le sumas que una se va a EEUU en Semana Santa y se hincha a jalar, y tiene la mar de eventos de variada índole, llámese bodas, bautizos, comidas familiares, el SOS y cursos de cocina, pues ya apaga y vámonos. El estancamiento era oficial. Necesitaba un empujón, sufrir un poco, pasar hambre, volver al “modo régimen” y así volver a motivarme. Entonces me dirigí a mi endocrino desesperada: “Antonio, hazme sufrir, que estar a régimen y ser feliz no es compatible”.

Así pues, me miró a los ojos y empezó su discurso con las siguientes palabras: “Cuando uno hace ayuno o huelga de hambre al tercer día ya ni siente ni padece…” Tragué saliva y asumí las consecuencias de mi petición.

No era no comer, pero casi. Se trataba de una dieta a base de proteínas y la debía intentar una o incluso dos semanas. Y así he estado, que si carne, pescado, jamón, huevos, carne, pescado, jamón, huevos. Olvídate del pan, del arroz, de las verduras y casi casi ¡olvídate de la vida! Porque además con ésta sí que no valían las trampas. Por ejemplo, si se me ocurría comerme un cachito de pan, mi organismo lo cogería con tantas ganas que me engordaría el doble. Algo así me explicaron, que yo de química no sé. También me dijeron que tendría mucha sed y dolores de cabeza, se me pondría la lengua blanca y no sé qué de la acetona. Habréis oído hablar de la dieta de la alcachofa, la del análisis facial, la del cucurucho, la de la zona… pues yo a ésta la denominé la Dieta del Hijoputismo.

Aun así, al principio, supongo que por aquello de la novedad y los buenos propósitos, lo llevé genial. Hasta el punto de decir que no a unas galletas danesas que me ofrecieron o de estar tan ricamente de cena con mis amigas mientras ellas se hinchaban a montaditos y yo conformarme con mi platazo de carne (secreto ibérico del bueno, ojo). Pero eso fue al principio, a partir del cuarto día eso de que ni sientes ni padeces ¡me río yo! Señores, vivo entre el Zaher y la Buena Moza, he tenido que pasar todos los días por la Plaza de las Flores y me he aguantado las ganas de abalanzarme sobre algún que otro viandante y robarle el pastel de carne de un bocao, que con la dieta ésta se me agudizó el olfato, el oído y la vista. No podía ver la tele porque todo me producía hambre. No podía leer el periódico porque titulares como “Almuerzo motero en Totana” me ponían enferma. No podía tener una conversación normal porque palabras como bocadillo, chocolate o queso me producían la más voraz de las hambrunas.

Pero el suplicio llegó a su fin, ayer acabé la Dieta del Hijoputismo y hoy domingo estoy que vivo sin vivir en mí. No sé cuántos kilos habré perdido y creo que ni me importa. En lo único en lo que pienso es en qué comer para celebrarlo. Había pensado organizar la Fiesta del Hidrato de Carbono, pero mi familia y amigos me lo han prohibido.

Ahora estoy tan motivada que ya pienso en mi próximo régimen, que se llamará “la Dieta del Cinco” (la rima pa ti), la he diseñado yo y consistirá en recortar un 5% de todo lo que coma. La pondré en marcha en junio. Ya os contaré qué tal me va.

domingo, 9 de mayo de 2010

Objetivo Elisabetta

La primera fue Jennifer Aniston cuando salía en Friends. Principalmente, y no soy nada original, por el pelo. Esa melena tan brillante que lucía la tía, con sus mechas y sus capas. Se decía incluso que era el corte de pelo más demandado en las peluquerías americanas. Me caía bien, supongo que porque era normal, porque perfectamente podría haber sido mi vecina, esa chica mona del barrio que me caería bien así porque sí, esa chica con la que quedaría a tomarme una marinera en la Plaza de las Flores o esa chica que podría encontrarme un viernes noche en Aduana tomándose un brugal-cola. Hasta que un buen día va la tía y, de repente, caza a Brad Pitt y ya mi admiración por ella fue extraordinaria durante varios años. Que luego nos sabemos todos la historia de cuando él le puso los cuernacos con la jincha de Angelina Jolie, y que desde entonces la pobre Jennifer vaga por el mundo como alma en pena… pero yo la sigo queriendo. Obviamente, dejó de ser mi modelo a seguir y volvió a ser la vecina del barrio, pero “esa chica con tan mala suerte”.

Luego tuve una época de Gwyneth Paltrow, otra que también se ligó a Brad Pitt, y que en principio es una sonsa y una llorica que come alpiste, pero tiene algo. Algo que le encantó a mi adorado Chris Martin, y ahí que siguen casados con dos hijos con nombres raros, viviendo en Londres y toda la pesca. Aún así, aunque no la veo ni muy real ni muy cercana, reconozco que me gusta su estilo y me encanta, además de su marido, cómo habla español la tía. Pero luego me ofusca. Me ofusca lo rara y lo mensa que es, sobre todo desde el día que decidieron ponerla de presentadora en un programa sobre la gastronomía española ¿Cómo una persona que no come jamón se pone a mostrar los placeres de nuestra cocina? Habrase visto. Y que tan rubia y tan flaca… no sé, demasiado inalcanzable y friki.

Desde la semana pasada tengo un ídolo nuevo, un objetivo alcanzable. La encontré en una revista, por casualidad, sin buscarla, como los mejores descubrimientos. Se trata de Elisabetta Canalis, la novia de George Clooney, y lo vi cristalino: una tía de mi edad, filóloga como yo, mediterránea, triunfadora, cuerpazo y con un pedazo de novio que pa qué las prisas. Ésa es la mujer a la que debo aspirar. De hecho, ya he recortado su foto, una que sale con el Clooney paseando por las playas de Hawái, y la he puesto en mi nevera para motivarme. Me gusta pensar que ésa podría perfectamente ser yo este verano en la Torre de la Horadada, no sólo por el tipazo que tiene la tía sino también por el maromo que la acompaña. Que por la misma regla de tres por la que ella se ligó a uno de los hombres más sexys del mundo, pues yo uno equivalente me podría pillar, ¿no? Yo lo llamo visualización.

Esta semana he pensado mucho en Elisabetta. Y es que ha sido especialmente dura. Entre el viento helado que soplaba en mi contra por la vereda del río cuando he salido a correr y que el endocrino me cambió el régimen, he sufrido mucho y pasado mucha hambre. Sin embargo ella, dondequiera que me encontrara, se me ha aparecido desde la nevera y me ha dado fuerzas cuando he flaqueado diciéndome que no desistiera, que en nada seré clavadita a ella. Que luego seguro que ella jala como una bestia, me la imagino comiéndose unos platos de pasta de aúpa, pero yo intento pensar que donde quiera que esté, se mata a hacer ejercicio como yo y suda y resopla para llegar al kilómetro 7 como yo.
¿Cuál te gusta más de las tres?

¿Qué te parece Elisabetta?

¿Te imaginas al Clooney poniéndole el Nespresso por las mañanas en su casa del Lago de Como...?

lunes, 12 de abril de 2010

...Y ahora las cortinas!


Me acaba de llamar el de las cortinas, el payo. Por una parte ¡por fin!, que las encargué en febrero (como lo leéis) pero por otra... No sé cómo pijo voy a pagarlas.

Pero vamos, lo de siempre, es volver de un viaje más pelá que la vida, habiéndome dejao los cuartos en algún outlet maldito, que empiezan a surgir gastos inesperados. Y que el money management se me da fatal, soy totalmente consciente. O si no, vean:

Primero están las púas, que debo todavía de Sierra Nevada y de Miami ni os cuento. Y porque El Vestido (con mayúsculas) me lo han regalao por mi cumple, que ésa habría sido una buena. (Gracias, P+M, por, una vez más, salvarme la vida).

Si conecto con el tema vestidos, me falta uno para un bautizo, "algo pa encima" para otro y unos zapatos para una boda. De los aderezos tipo tocado he decidido pasar. Y todo eso además es para YA, con lo cual no me da tiempo a cobrar. Bien.

La peluquería es otro temazo del que creo que voy a pasar, y de posibles tratamientos de belleza faciales o corporales mejor no hablemos... Se acabó la fiesta, pijo.

Luego están las gafas, tanto las de ver como las de sol. Las de ver se me cayeron el otro día y el cristal tiene un pequeño esportillao... Y las de sol no sólo están ya horrorosas, sino que se me caen.

Luego está el reloj, que se me paró justo antes de Miami y me gustaría arreglarlo. Me compré uno de emergencia de 10 euros que hace su papel y tal pero...

También tengo que hacer un par de regalos de cumple, uno de boda, me hacen falta Nespressitos, el abono mensual del tren, comer... (Menos mal que esto último es poco).

Huelo a rescate.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Had a bad day


Chicos, he tenido un día horrible y estoy reventá. Y encima esta lluvia y este frío... uggh. Os pongo esta canción que no sé si me anima o no, pero es lo único que me inspira en este momento. Y como bien dice: I need a blue sky holiday (en cuatro semanas!).

El vídeo está chulísimo, por cierto.

Ale, que mañana será otro día.

BAD DAY de Daniel Powter
Where is the moment we needed the most
You kick up the leaves and the magic is lost
They tell me your blue sky's faded to gray
They tell me your passion's gone away
And I don't need no carryin' on

Stand in the line just to hit a new low
You're faking a smile with the coffee to go
You tell me your life's been way off line
You're falling to pieces every time
And I don't need no carryin' on

Cause you had a bad day
You're taking one down
You sing a sad song just to turn it around
You say you don't know
You tell me don't lie
You work at a smile and you go for a ride
You had a bad day
The camera don't lie
You're coming back down and you really don't mind
You had a bad day
You had a bad day

Well you need a blue sky holiday
The point is they laugh at what you say
And I don't need no carryin' on

You had a bad day
You're taking one down
You sing a sad song just to turn it around
You say you don't know
You tell me don't lie
You work at a smile and you go for a ride
You had a bad day
The camera don't lie
You're coming back down and you really don't mind
You had a bad day
You had a bad day

Sometimes the system goes on the blink

and the whole thing it turns out wrong
You might not make it back and

you know that you could be well oh that strong
Well I'm not wrong

So where is the passion you needed the most
Oh you and I
You kick up the leaves and the magic is lost

Cause you had a bad day
You're taking one down
You sing a sad song just to turn it around
You say you don't know
You tell me don't lie
You work at a smile and you go for a ride
You had a bad day
You've seen what you like
And how does it feel for one more time
You had a bad day
You had a bad day
You had a bad day

domingo, 7 de febrero de 2010

La jubilación


Que me deje de fantasías absurdas con discjockeys, me dicen. Que me gire unos 90-270 grados con respecto a la barra del bar y abra los ojos. Eso hice anoche y ¿qué veo? Una fauna de mataos, pavipollos y animalicos de acequia. Sueno cruel, soy consciente, pero es que sábado tras sábado vuelvo a casa cabizbaja, con las manos en los bolsillos (también porque hace frío) y cantando la canción esa de ¿Qué me queda?

Estoy considerando mi retirada de los ruedos nocturnos, que no hay ni blas que cumpla un mínimo de ocho requisitos de mis dieciséis. ¡Qué digo ocho! Es que ni pa objetivo de oportunidad me sirven. (En jerga militar, el objetivo de oportunidad es aquel que no era prioritario pero se convierte en objetivo al cruzarse en tu camino). O como dicen mis amigas, que la cosa ya se reduce a dos condiciones: “O que sea guapo, o de nuestra edad”. Pues yo me niego. Ni que estuviéramos de oferta. Hoy, anonadada, acongojada y frustrada, os contaré qué tal me fue anoche.

El primer especimen no tardó en aparecer. Estaba yo enzarzada en una discusión con dos amigas sobre cómo nos gustaría que la gente dejara de preguntarnos por qué estamos solteras, cuando de repente llega un energúmeno que, cual chino de las rosas, ¡nos acerca una nube a la boca a cada una de nosotras! Y lo que pasa, que se me va el caire: “Perdona, ¿por qué no te metes la nube por donde te quepa?”. El tío pánfilo se queda petrificado, pero es que inmediatamente viene el amigo listillo. “Disculpa a mi colega. Él sólo quería ser amable”. “Sí - le contesto- pero es que yo no lo soy, y me suele molestar que un desconocido me meta una nube en la boca cuando estoy hablando con mis amigas”. Entonces llegan los mil perdones, qué pesados, por Dios. Sin embargo, si aguantas, con un poquito de suerte hasta puede que te lleves una copa de premio. “Una coca cola light, gracias”.

En el siguiente bar un amigo común me presenta por enésima vez a un periodista de la competencia que va de guaperas por la vida.

- “¿En serio nos han presentado?”.
- “Sip”. (Varias veces, pero no sabes lo mucho que me alegro de que no te acuerdes de mí)
- “¿Y a qué te dedicas?”
- “Soy profe” (A punto estuve de decirle que fontanera, pero pensé que mejor no darle opción a más preguntas)
- “Qué bien, ¿no?”
- “Sip”
- “Eres muy seria, ¿no?”
- “Sip” (Aunque más bien soy rabúa y antipática, pero no sé por qué contigo me estoy controlando). “Oye, mira, te dejo, me piro a otro bar”.
- “La próxima vez prometo acordarme de ti, no hará falta que nos presenten”.
- “Sip” (Mira tú qué suerte).

El tercer bar fue definitivo. Estaban tardando pero aparecieron: el Clan de la Chaqueta de Terciopelo. Seguro que los habéis visto alguna vez. Los miembros de este clan cumplieron los 35 hace ya tiempo y llevan todos melena, por lo general engominada, intentando ocultar la calvicie propia de su edad. (Y yo, llegados a este punto, no puedo evitar preguntarme: ¿Nadie les dijo jamás que lo sexy es raparse como Sting? ¿No está eso en el manual de los calvos dignos?). Juraría también que alguno de ellos lleva dentadura postiza y no nos olvidemos de… ¡esa barriga! Suelen además entrar bailando a los garitos, y también mirarte de una manera por la que deseas teletransportarte directamente a una vida mejor. Un amigo mío dice que gracias a ellos se ha dado cuenta de que realmente existe una edad para retirarse del pendoneo de las discotecas. Y de hecho él se ha marcado los 36 como su edad de “jubilación”. Yo estoy que me retiro ya, a los 31, y me concentro en esa idea que me ronda de apuntarme a senderismo. No puedo con esta fauna y me niego a acabar como ellos en discotecas todo viejuna, rabúa, vistiendo una chaqueta de terciopelo.

jueves, 4 de febrero de 2010

Queen of sorrow


I'm crying everyone's tears
And there inside our private war
I died the night before
And all of these remnants of joy and disaster
What am I suppose to do

I want to cook you a soup that warms your soul
But nothing would change, nothing would change at all
It's just a day that brings it all about
Just another day and nothing's any good

The DJ's playing the same song
I have so much to do
I have to carry on
I wonder if this grief will ever let me go
I feel like I am the king of sorrow, yeah
The king of sorrow

I suppose I could just walk away
But I'll disappoint my future if I stay
It's just a day that brings it all about
Just another day and nothing's any good

The DJ's playing the same song
I have so much to do
I have to carry on
I wonder will this grief ever be gone
Will it ever go
I'm the king of sorrow, yeah
The king of sorrow

I'm crying everyone's tears
I have already paid for all my future sins
There's nothing anyone
Can say to take this away
It's just another day and nothing's any good

I'm the king of sorrow, yeah
King of sorrow
I'm the king of sorrow, yeah
King of sorrow


Intento animarme pero hay veces que creo que no puedo más. Mientras espero a que las cosas cambien canto King of Sorrow, de Sade.

martes, 26 de enero de 2010

Zero Motivation

No he llegado, tenía un pacto con Mary y con Noe y no he llegado. Y a pesar del cabreo, no sé si en realidad me da igual.

Tenía que pesar 2kg menos que hace un mes. Y el reto en principio estaba tirao, que hace un mes era 26 de diciembre, en plenas navidades, y todavía me quedaban varias comilonas y cenorras. Todavía me quedaba mucho alcohol por beber y varios dulces navideños que cepillarme... Además, utilizaba el ascensor y no había vuelto al gimnasio... Se supone que con un poco que hiciera...

Con lo cual... ¡NO LO ENTIENDO! ¿De qué coño me han servido estas tres semanas? Vale que dieta dieta lo que se dice dieta de noches de fruta no estoy haciendo, pero sí me cuido por las noches. También me he cuidao en las meriendas y los postres, que me he dejao los polvorones y las cañas de chocolate y me estoy hinchando a manzanas!

Entonces, si objetivamente estoy comiendo menos, me he dejado el alcohol y además de haber vuelto al gimnasio, salgo a correr al Malecón y no utilizo el ascensor (y tanto mis padres como yo vivimos en un 4º) ¿Por qué coño no adelgazo? Que venga alguien y me lo explique.

Y no me digáis que el gimnasio engorda y que estoy creando músculo que es imposible.

Menudo rebote llevo esta mañana, estoy que me cojo el bote de Nocilla y...