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lunes, 28 de enero de 2013
domingo, 18 de noviembre de 2012
Looking for shells?
Levantamiento de ceja en el 0:38. Y no tengo nada más que añadir.
Stay where you are!
Stay where you are!
viernes, 2 de noviembre de 2012
Hola, me llamo Mimi!
I love London!
Nada mejor que una canción cañera como ésta para liberar la energía negativa de este mes de noviembre.
Dedicado a mi M de María, M de mami y V de @vasicodeleche porque este finde está allí y yo me muero de envidiaaaa!!
Tengo un monazo de Londres que no me aguanto.
¿Quién me lleva pronto?
Nada mejor que una canción cañera como ésta para liberar la energía negativa de este mes de noviembre.
Dedicado a mi M de María, M de mami y V de @vasicodeleche porque este finde está allí y yo me muero de envidiaaaa!!
Tengo un monazo de Londres que no me aguanto.
¿Quién me lleva pronto?
domingo, 15 de julio de 2012
Oeufs de Chocolat
![]() |
| www.leblogdepouce.com |
Cuando mi amiga D me recogió para
ir a cenar, tenía una sonrisa demasiado emocionada. No podía ser que se
alegrara tanto de verme cuando habíamos estado juntas el día antes. Qué se
traería entre manos, pensé mientras la miraba con sospecha. Y es que le acababa
de llegar al email una solicitud para dormir en su sofá, al parecer, de un
belga muy apañado de 34 años. Un chicarrón con una bici, como tantos que se ven
por esta época, que dándole al pedal y con la vida a cuestas había salido de
Bélgica un par de meses antes con la intención de recorrerse Europa y puede que
parte de África. Interesante y molón, pero D no tenía ninguna intención de
alojarlo en su casa, no estaba tan loca. Luego le contestaría cualquier cosa.
Esa misma noche, en Madrid, mi
amiga G iba nerviosa a reencontrarse con otro guiri, un viejo compañero de un
curso de verano en París cinco años antes. El guiri, que ahora trabajaba de un
banco suizo, se empeñó en quedar en un hotelaco que, decía, le gustaba mucho y que
resultó ser de cinco estrellas. Dice G que cuando entró en la habitación,
todavía había otra habitación, y que tras esa habitación, había otra, que es
que el guiri había reservado una suite. Sintiéndose una especie de Pretty Woman
y buscando que le diera un poco el aire, avanzó boquiabierta hasta lo que creyó
que sería un balcón de los de toda la vida y se encontró con una terraza privada
con solárium y jacuzzi. “¿Has pedido hielo?”, le preguntó G al guiri. “Porque
esto voy a tener que digerirlo con ginebra”.
“Tres ginebras con limón y una
con tónica”, nos pedimos para bajar nuestra cena. De repente, copa en mano, D
se sobresaltó como a la que se le olvidan los donuts. “No le he contestado al belga,
pobre”. Entonces le mandó un sms diciéndole que lo sentía mucho, que estaba de
cena, que al día siguiente madrugaba, que se iba de finde y que otra vez sería.
Y el guiri contestó ipso facto: “No te preocupes, estoy por el centro tomándome
una copa y llevo tienda de campaña”. Y como vimos en D un poquillo de cara de
pena y la curiosidad nos comía por dentro, fuimos malos y la convencimos de que
le mandara otro mensaje y se lo trajera al Chinatown. Así hizo sin casi
resistirse, y cinco minutos después apareció acompañada de una especie de
náufrago gigante con necesidad de ducha urgente. Entonces lo vimos, había
chispa entre el ciclista y la monísima y aseada D, que no pararon de charlar y
reír como si se conocieran de toda la vida.
A la mañana siguiente, G miraba
con pena los botecicos de geles y las cremas del cuarto de baño del hotel. No
iba a poder llevárselos, al menos sin que el guiri la viera. ¿Y si el guiri la
pillaba? ¿Cómo le dices que es tradición española mangar de los hoteles hasta
los bastoncitos de algodón? Y es que encima eran de marca… Había que gastarlos.
Una hora después salía G del baño con los pies exfoliados, el pelo híper-hidratado
y oliendo a millonaria francesa.
“Sigo viva, no he sido violada ni
descuartizada y el belga está en la ducha”, rezaba el mensaje con el que D me
despertó. Su primera experiencia de couchsurfing había resultado exitosa, sobre
todo cuando vio al ciclista salir de la ducha, ahora convertido en bombón
belga. No pasó nada pero sí quedaron en mantener el contacto y quizá en volver
a verse. Lo típico, pensó D, que lo vio como una versión belga del “ya te
llamaré”.
“Vente conmigo a Marrakech en septiembre”, le dijo el guiri a G, a la que ya no le importaban los botes de
cremas.
Dos días después, D recibió un
mensaje del belga invitándola a irse con él a Marruecos.
Dos días después, sin ningún
guiri en mi vida que me dé alegrías, me dirigí a la nevera de la casa de la
playa en busca de algo que saciara mi hambruna post siesta. De repente descubrí
una pequeña huevera de cartón. “Oeufs de Chocolat - Produit de la Belgique”. Y
tuve que reírme.
lunes, 2 de julio de 2012
Cosas preciosas
La primera vez que la vi fue tras
oír una especie de silencioso trotar atravesando mi salón. Una salamanquesa de
ojos saltones aparece de vez en cuando junto a mi sofá o mi tele desde hace más
de un año. No me da asco ni repelús, sino cierta ternura y hasta nostalgia de
mi viaje del verano pasado a La India, donde había unas mil por metro cuadrado.
Y ya no es sólo porque se jale los mosquitos, que dice mi amiga V que además el
bicho me trae suerte, que cada vez que la veo me ocurre algo bueno. No lo tengo
tan claro, pero si ella lo dice estaré atenta, que ayer la volví a ver dándome
los buenos días. Mientras, observo a mi alrededor un montón de cosas preciosas…
M y J decidieron hacerlo oficial.
Tras meses viviendo juntos, convocaron a sus familias de una manera cuasi
formal para comunicarles la buena nueva. Las sobrinas de M, de 7 y 5 años
respectivamente, no entendían el motivo de esa cena ni de tantos besos y
abrazos, así que preguntaron, con más razón que un santo, que qué narices
estaba pasando ahí. “Que nos hemos casado”, les contestó M, queriendo
simplificar. “Pues si os habéis casado, ¿por qué no os dais ningún beso?”. Y
tuvieron que besarse, y ya todo estaba bien.
Empieza el verano y con él, los
viajes, y con ellos, los viajes en pareja. L y S se fueron ayer a Islandia.
Aquí al lao. A ver géiseres, lagunas, a no dormir, a comer tiburón podrido y a
pasear su amor bajo el sol de medianoche a 17 grados de máxima. Los odio.
En palabras de mi amiga N, B ligaba
demasiado y era el momento de guardar una especie de luto. Pasar un tiempo de
duelo y reflexión tras los fracasos amorosos que llevaba este año. Desde un
porrero pasota hasta un incapaz de amar, pasando por un indeciso sin sangre,
ése era, en resumidas cuentas, el abanico de especímenes que habían pasado en
su último año, menudo carrerón llevaba la pobre. Y lo que tenía que pasar, pues
pasa siempre, que mientras nosotras le sugeríamos que, ahora que llegaba el
verano, se olvidara y se despejara la cabeza, un nuevo chico aparecía en su
vida. Y B, que en teoría no quería nada, ni tan siquiera dejarse querer,
accedió a salir con el chico que, por primera vez desde hacía más años de los que
B podría recordar, demostraba, al parecer, verdadera ilusión por conocerla. A
ver lo que le dura.
Mi amiga C también decidió
lanzarse a la piscina y quedó con un tipo divertido que conoció por el
facebook. Sin fe ninguna, con la simple idea de pegarse unas risas con
semejante frikada y aumentar su círculo de amistades, C llegó impuntualmente a
la cita y el chico la recibió con una piruleta en forma de corazón. De repente
la tortilla dio la vuelta y, como una colegiala, C notó que se le aceleraba el
suyo propio y le daba la risa floja. Y lo bien que olía, decía C, que hasta le
daban ganas de abrazarlo y lamerlo.
Y así están las cosas, que estoy
que cojo a la salamanquesa por banda y le pregunto que a ver cuando narices me
toca a mí. Que tanta situación preciosa de amor total a mi alrededor empieza a
ponerme de los nervios y a ver si para el verano se tira al rollo. Que lo más
cerca que estoy de lamer a un hombre últimamente es cuando veo a Xabi Alonso
por la tele, que no puedo evitar tener pensamientos impuros o exclamar
ordinarieces impropias de una señorita. ¡Ole las cosas preciosas! Pero ¿qué
será de mí mañana, cuando se acabe la Eurocopa? ¿Quién hay olímpico que me
acelere el corazón?
Esta noche volveremos a ser sólo
mujeres, para montar la contra-crónica erótico-festiva en un plisplás. No me
importará desgañitarme y perder la voz esta vez, pues mañana no habrá lunes que
valga. Porque… ¿sabéis una cosa preciosa? Ya estoy de vacaciones.
domingo, 10 de junio de 2012
Operación Charlize
Alguien me preguntaba hace poco que qué c*** era la Operación Charlize... Pues básicamente se trata de la vulgarmente conocida Operación Biquini, sólo que este año aspiramos a más. Y la clave, la inspiración, nos la dio este vídeo. (Del cual, no sólo nos mola Charlize)
Qué buenos recuerdos del SOS 4.8 me trae la canción, por cierto.
domingo, 6 de mayo de 2012
¿Puedo dormir en tu sofá?
La idea me la dio M, la más
aventurera de mis amigas. Hace ya un par de años que se unió a la red de Couchsurfing. ¿Que qué significa? Pues Couch es sofá, y con surfing uno se puede imaginar un payo
rubiales con traje de neopreno subido en tu tresillo, pero no. Se trata de una
red de viajeros de bajo presupuesto, adalides de la aldea global, del todos
somos hermanos y del mi casa es tu casa. No es mala la idea. Desde un punto de
vista práctico, por medio de los contactos hechos en esa web, puedes conseguir
alojamiento gratuito en todas partes del mundo, pues los miembros de esa red te
ofrecen su sofá. Puedes conocer desde dentro la cultura y costumbres de un
país, pues hacen de guías de su ciudad o se ofrecen a darte conversación con un
café y así practicar idiomas. Genial, ¿no? Pues puedes unirte sin ofrecer tu
sofá a cambio. Mi amiga M no tiene casa propia y sin embargo ha surfeado los
sofás de medio mundo, desde Estados Unidos a Corea, pasando por Finlandia.
Amiguitos tiene la tía en todas partes.
Un buen día M me convenció de que
me creara un perfil. No sólo por la cantidad de gente interesante que conocería
sino porque a lo mejor un día, perdida en un viaje, podría necesitarlo. Y así,
una madrugada tonta, completé mi perfil. De repente, en un lateral, descubrí
una sección que invitaba a detallar tus próximos planes de viaje. Esto fue hace
un cosa así de un mes y mi viaje más próximo era el de estudios el pasado
Puente de Mayo. “Hola, no necesito sofá pues ya tengo hotel, tan sólo me
gustaría quedar con alguien con quien tomarme unas pintas y ver algo de Dublín
que no conozca”.
Al día siguiente tenía un mensaje
de un tal Paul ofreciéndose a llevarme de pubs. Paul, de 35 años, dublinés de
nacimiento y bonico del to, en su foto salía con un palo de billar y una
expresión socarrona que me recordaba muchísimo al Dr House. La ilusión y las
mariposas me invadían el cuerpo y empecé sin querer a montarme la película.
Entonces leí su perfil y no podíamos tener más cosas en común, ni él tener un
humor más fantástico. Era ideal para mí y, le gustara yo o no, ya tenía yo el
viaje de estudios apañadísimo. Menudo aliciente, no sabía si podría esperar un
mes.
El mes pasó y llegó el día de
partir hacia Irlanda. Esa mañana de viernes, tras semanas sin saber de Paul, le
mandé un recordatorio de mi llegada, al que no respondió antes de mi marcha.
Debía ser paciente, pensé, que además el primer día del viaje estaría ocupada
con los alumnos y la visita a la ciudad. Seguro que respondería para el sábado
noche… Pero, como pude comprobar esa tarde gracias al wifi del hotel, no lo
hizo. Más tarde, pinta de Guinness en mano, no pude evitar preguntarme dónde
estuvo mi error. ¿Mostré demasiada emoción en mi respuesta? ¿Fui demasiado
rollera? ¿Demasiado… facilona? Dos pintas y un sex on the beach más tarde, tras
haber bailado no sé qué canción de un rover
en un pub típico, mi único pensamiento era: Pues mira, él se lo pierde.
Para nuestra última noche en
Dublín reservamos una cena en un restaurante típico con más música y más baile,
y fue otra vez en el hall del hotel, mientras esperaba al resto del grupo,
cuando vi un email de Paul con su número de móvil. Rápidamente y casi sin
pensar le mandé un sms con mis planes y mi localización. “¿Podremos vernos o
será demasiado tarde para ti?”. Pero no respondió inmediatamente. Ni cuando
llegué al restaurante, ni a la hora, ni después de cenar. Ni a la mañana
siguiente, ni cuando ya aterrizamos en San Javier.
Esta semana la he pasado
respondiendo peticiones de sofá de gente que venía al SOS. Cada vez que entraba
a la web miraba con tristeza la foto de Paul y releía su perfil. Me moría de
ganas de mandarle un resentido mensaje de “no me contestaste” pero me contenía
cada vez. Hasta esta tarde, que he cogido mi móvil y he visto el mensaje que le
envié. Entonces se me ha ocurrido comprobar su número… ¡Mierda, me faltó un 7!
sábado, 3 de marzo de 2012
Livin' on a prayer
PARA QUE LO REPITAS CADA NOCHE
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martes, 31 de enero de 2012
La molécula del amor
Quien me conoce sabe que no soy de las que creen en los flechazos, en el amor de cuento de hadas y en las hazañas heroico-románticas. Yo, que estaba convencida de que el romanticismo murió con Bécquer, de un tiempo a esta parte empiezo a ver tambalearse mis pilares del bien y el mal con mis propios amigos. ¡Mis propios amigos! Gente con la que yo interactúo, salgo, entro y me las tomo.
Empezaron a llegarme de repente montones de historias de amor, algunas de éstas de soponcio. Como la de P, que a los seis meses de conocer a H ya le ha pedido matrimonio. O la de C, solterona anti-amor reconvertida en mujer pegada a su teléfono (que la pava se ha echado un novio pirenaico). Luego J y M y sus declaraciones de amor eterno en pleno twitter (¡Iros a un hotel!). O la de B, que tras años persiguiendo a S, muchas tardes de copas y un matrimonio fallido de por medio, al final ha conseguido que S se deje querer. Y así están todos: desaparecidos, imagino que recuperando el tiempo perdido.
¿Qué está pasando aquí?, me pregunto. ¿Qué explicación tiene todo esto? Porque es que ni siquiera es primavera, que sería lo suyo. ¿Puede ser que exista aquello llamado amor?
Quise entonces buscarle una explicación lógica y terrenal a todo este subidón de amor de mi alrededor. Pronto llegué a la mejor de las conclusiones, a la explicación más científica que mi mente de letras podía alcanzar: eso tiene que ser la oxitocina, me dije. La hormona conocida por ser la promotora de la vinculación afectiva, también llamada “la molécula del amor” seguro que tiene la culpa de todo esto. Al parecer la liberamos las mujeres cuando damos de mamar y cuando tenemos un orgasmo, o en otras palabras, es una hormona que rezuma afecto a la de tres y nos confunde fácilmente liándola pardísima. Ella hará que un buen quiqui nos ponga corazoncitos en los ojos y nos haga creer que estamos ante el amor de nuestra vida, cuando puede ser que no, que nada más lejos.
Entonces llegó, sin querer pero como agua de mayo, el documental de la tele del domingo pasado. Un documental que trataba sobre justo lo que necesitaba: las relaciones amorosas explicadas desde un punto de vista científico. Y ahí, una tras otra, fueron saliendo a la luz, como explicaciones de toda esta locura que llamamos amor, todas las hormonas habidas y por haber: la dopamina, la serotonina o por supuesto, mi amiga la oxitocina. Se confirmaban entonces mis sospechas cutre-científicas mientras me nutría de otros muchos datos. Flipé con las reacciones del cerebro cuando uno se enamora y desenamora, como también con ciertos datos estadísticos como que el amor pasional dura tan sólo cuatro años, cuando yo creía que eran siete. El picor de los siete años, the seventh year itch que dicen los angloparlantes, debería estudiarse también seriamente.
Y es que siete son los años que ha durado la pareja perfecta que formaban Heidi Klum y Seal. La noticia nos sorprendía esta semana. Contaba la Klum siempre que se enamoró locamente de Seal cuando coincidieron en el pasillo de un hotel, también que él venía de correr y no sólo estaba sudado sino que además llevaba mallas ajustadas. No somos tontas. Que el Seal es feo de antología, pero quítale la cabeza, y oye, más quisieran algunos y más quisiéramos muchas. Por aquel entonces la Klum estaba embarazada y recién abandonada por Briatore, con lo que rebosaba oxitocina por los poros… Y tres hijos más que tuvieron.
Entonces ¿qué pasó? ¿Acaso la molécula del amor tiene una caducidad de siete años? Volviendo a mis amigos y viendo la felicidad en ellos, ¿sabéis lo que os digo? Que sea amor u oxitocina, dure cuatro años, siete o un par de horas, concluiré tanta ciencia diciendo lo de Cuando Harry encontró a Sally: “Sírvame lo mismo que a ella”.
viernes, 14 de octubre de 2011
Spinning sí o no
Yo no hago spinning... pero me lo voy a pensar ;)
Un besico a E, que me lo ha enviado y hace mucho que no la veo.
Un besico a E, que me lo ha enviado y hace mucho que no la veo.
viernes, 7 de octubre de 2011
De mariposas
En episodios anteriores... "Si ellos no me dicen “ven”, yo zarparé en dirección contraria, echando a volar cual mariposa, como dice mi amiga P, dejando al capullo que se pudra."
Me compré esa mariposa a principios de verano en Misako. Un par de meses después, en un episodio de SENY, vi que Carrie llevaba una gigantesca (de ahí que eligiera esta foto) y luego llegó Piluca con su frase de las mariposas y los capullos.
De ahí la tontería de post. Feliz finde a todos :)
Me compré esa mariposa a principios de verano en Misako. Un par de meses después, en un episodio de SENY, vi que Carrie llevaba una gigantesca (de ahí que eligiera esta foto) y luego llegó Piluca con su frase de las mariposas y los capullos.
De ahí la tontería de post. Feliz finde a todos :)
domingo, 18 de septiembre de 2011
Yo no soy Carrie B
Todo empezó un domingo de noviembre hace cuatro años. Me encontraba aburrida, en mi habitación, con mi portátil y, tal y como hago todos los domingos desde que me conozco, reflexionaba sobre el finde y me planificaba la semana. Entonces vivía en Yecla y, cansada de estar sola y hablarme a mí misma, no se me ocurrió otra cosa que empezar este blog. Mi primera tonti-entrada, titulada “Rollito Carrie Bradshaw”, se la dediqué a la protagonista de la serie americana Sexo en Nueva York. Como a muchas de mi quinta, me molaba el personaje, y quise, toda flipada yo, hacer un estudio comparativo entre su vida y la mía. “No aspiro ni a la mitad de la Bradshaw y, aunque no lo parezca, me consuelo en el hecho de que es un personaje de ficción pero... ¿no molaría vivir una vida como la suya? Aunque sólo fuera un poquito.” Y qué cosas, y quién me iba a decir a mí, que cuatro años después, mi vida acabaría pareciéndose, efectivamente, un poquito a la suya.
Desde que escribo en La Opinión, siempre ha habido quien me comparara con ella, y me he reído, que yo me veo más como una versión huertana de Bridget Jones. Sin embargo, la reflexión sobre las coincidencias y diferencias entre la vida de Carrie Bradshaw y la mía me vuelve ahora, años después, debido al atracón que me estoy pegando a Sexo en Nueva York gracias al canal divinity, donde lo ponen a todas horas. Que es que últimamente mis amigas y yo parece que no hablamos de otra cosa. Sobre todo de las cosas que no nos cuadran de la serie: como qué tipo de sueldo tiene para permitirse tanta ropa, tantos Manolos y ese piso en Nueva York, o el hecho de que no limpie o no tenga una señora que le planche, o ni un gramo de celulitis con la cantidad de Cosmopolitans que se pimpla. O que pueda vivir sin coche, sin viajar, sin comer... El debate siempre da para rato.
Incluso, hubo un día que llegamos a tal punto de friquismo, que hasta hicimos un test para descubrir a qué personaje de la serie nos parecíamos más. Mucha columna, mucho sarao, mucho perfume de Jimmy Choo y mucho rollo, pero yo a quien me parezco, según eso, es a Miranda, la abogada sarcástica y, como cuando lees el horóscopo, voy yo y me lo trago palabra por palabra. Cuánta verdad, pienso convencida. Aun así, y negaré haberlo admitido, me da un poco de rabia no ser Carrie. Y es que todas, en el fondo, queremos ser ella, pero incluso marcando las respuestas "carrie" nunca sale. Y me pico, que tengo una amiga que asegura que a ella sí le salió y me niego a creerlo, sus ganas marranas. Si no soy Carrie yo, no lo es nadie.
A mi amiga K, la duda que le asalta con más frecuencia es la de cómo escribe sobre cualquier movida con su chico y el payo no parece leerlo o no parece afectarle. Yo le digo que la chica tendrá sus trucos y también que Nueva York es muy grande, como también lo es Murcia a veces, aunque no lo parezca. Y entonces llega la pregunta de cómo llevo lo de ponerme en un escaparate y sobre si alguna vez he pensado dejar de escribir. Es cierto que a veces me molaría desaparecer, pero me acuerdo de lo que me solía decir J, que si dejara mi blog acabaría empezando otro, pues no podría estar sin escribir.
En el antepenúltimo episodio de la serie, cuando el ruso feo le pide a Carrie que se vaya a París a empezar una nueva vida con él, sus amigas preocupadas le hacen muchas preguntas, entre ellas, qué pensaba hacer con su columna, pues una vez en París, perdía su sentido seguir escribiendo. Siendo mi supuesto alter-ego, su respuesta no pudo venirme más al pelo: “Mi columna no es lo que soy, es lo que hago.”
Hoy, con éste, hago 100 artículos en el periódico, algo que no habría sido posible sin Y, que creyó en mí desde el principio. A él le debo éste y los 99 anteriores. A todos mis lectores también, muchas gracias por seguir ahí.
jueves, 1 de septiembre de 2011
What I am, what I do
Estaba yo tirada en el sofá, dispuesta a zamparme cualquier cosa que pusieran en la tele... cuando me he topado con, por supuesto, como sabéis, una de mis series favoritas: Sexo en Nueva York. El antepenúltimo episodio, cuando el ruso feo le pide a Carrie que se vaya a París a empezar una nueva vida. Y ella está que no sabe qué hacer, y sus amigas preocupadas le hacen muchas preguntas, entre ellas, qué pensaba hacer con su columna, pues una vez en París, perdía su sentido. Entonces, como suele suceder, llega la gran frase, ésa estupenda con la que piensas: "Es que me va al pelo!".
"My column is not what I am, it's what I do".
Carrie Bradshaw, Sex & The City.Sé que es un personaje de ficción, pero... son cosas mías. Luego ya, tras darle un par de vueltas a la frasecica, me he quedado viendo, no sólo viendo ese episodio, sino también los dos siguientes que son los últimos ultimísimos de la serie, y ay! oh, subidón! He acabado esponjá! Y que... por muy macoco que sea Mr Big (A.Z. dixit) yo... ¡me lo pediría para los reyes!
miércoles, 30 de marzo de 2011
Doña Sardina 2011
Por fin esta tarde, el momento que estábamos esperando, el secreto ha sido desvelado hace escasamente una hora...
EVA ABRIL SERÁ DOÑA SARDINA!
Pues yo me alegro, qué queréis que os diga. Me mola la elección, pues cumple los requisitos "oficiales": periodista, murciana y además es guapa y marchosa. Aparte, tengo la suerte de conocerla y no sólo es más guapa al natural, sino que también es simpatiquísima, super alegre, sonriente siempre y parece buena cría. Yo personalmente la veo muy de Doña Sardina, ya que creo que entre sardineros podría estar como "pez en el agua" (nunca mejor dicho), que no veo yo que eso sea tarea fácil.
Sobre lo que hablábamos de la promoción en el exterior... No será el caso este año, me temo, pero me alegro por la promoción que esto le va a dar a la misma Eva, que se lo merece. Y que también debemos darle nosotros bombo a las cosas buenas que tenemos en nuestra tierra. Basta ya de importar pseudo-estrellas que nada tienen que ver o quieren saber de Murcia.
Yo le doy la enhorabuena (otra vez) a Eva Abril y le deseo lo mejor, que disfrute y que sea fuerte.
Rachelle la dejamos para el año que viene, ¿vale?
jueves, 3 de marzo de 2011
Reese, Julieta y yo
La sorpresa fue en Madrid el pasado octubre, cuando una chica que conocí esa misma noche, amiga de amigos, me díjo: "Te habrán dicho mil veces que te pareces a Julieta Venegas" y le contesté que no, claro, que en la vida, de hecho. La chica, incrédula, se lo comentó a la amiga que tenía al lado. "Pues la verdad es que llevo pensando eso mismo todo el día pero no te lo he querido decir para no ser pesada. Pensaba que te lo diría todo el mundo".
Y así me quedé, que tuve que aceptarlo: me parezco a Julieta Venegas.
Meses después, o incluso se podría decir que años después (a continuación explico por qué), tras la noche de los Oscars, me tuitea mi amiga Marissa, totalmente inspirada, que me parezco a Reese Witherspoon, que tiene la tía un gesto sonrisa que le recuerda a mí, que es verla y le vengo a la mente. Y adjunta la paya la siguiente foto.
Qué disparate, pensaréis algunos como yo. Sobre todo porque de repente no me sonó nada extraño. Hace 4 ó 5 años tenía yo un novio (porque es que yo he tenido novio, sabéis?) que no sé qué película vimos de la Reese, que salió diciendo del cine que yo me parecía a ella. Por la frente y la forma de peinarme apartándome el flequillo, si no recuerdo mal. Eso mismo le respondí a Marissa, que seguía encaná mandándome fotos, empeñada en que tengo los mismos gestos.
¿Y si le quitamos el rubio?
Yo, sinceramente... no me veo.
Y así me quedé, que tuve que aceptarlo: me parezco a Julieta Venegas.
Meses después, o incluso se podría decir que años después (a continuación explico por qué), tras la noche de los Oscars, me tuitea mi amiga Marissa, totalmente inspirada, que me parezco a Reese Witherspoon, que tiene la tía un gesto sonrisa que le recuerda a mí, que es verla y le vengo a la mente. Y adjunta la paya la siguiente foto.
Qué disparate, pensaréis algunos como yo. Sobre todo porque de repente no me sonó nada extraño. Hace 4 ó 5 años tenía yo un novio (porque es que yo he tenido novio, sabéis?) que no sé qué película vimos de la Reese, que salió diciendo del cine que yo me parecía a ella. Por la frente y la forma de peinarme apartándome el flequillo, si no recuerdo mal. Eso mismo le respondí a Marissa, que seguía encaná mandándome fotos, empeñada en que tengo los mismos gestos.
¿Y si le quitamos el rubio?
Yo, sinceramente... no me veo.
domingo, 20 de febrero de 2011
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Mira lo que te digo, Scarlett
Que digo yo...
Que donde dije digo, digo Diego, o Ryan...
Que ya sé que dije que no quería amores a distancia (y para ser sinceros, tampoco en la cercanía, que estoy en una etapa mu rara de mi vida)...
Pero yo es que a éste, no sé, será por sus ojicos juntos, por las pelis que he visto suyas por las que me imagino que es un jachondo...
Porque está más bueno que el pan y yo con eso me imagino lo que quiero...
Yo me lo traería del Canadá o donde esté pa las Murcias pa invitarle a un pastel de carne, o lo que haga falta! No me diréis que no os lo imagináis por la Plaza de las Flores como pez en el agua... Yo lo veo cristalino!
Mira lo que te digo, Scarlett, si no lo quieres tú... PA MÍ!!!
Vamos, calla. Con el hambre que hay en el mundo...
Que donde dije digo, digo Diego, o Ryan...
Que ya sé que dije que no quería amores a distancia (y para ser sinceros, tampoco en la cercanía, que estoy en una etapa mu rara de mi vida)...
Pero yo es que a éste, no sé, será por sus ojicos juntos, por las pelis que he visto suyas por las que me imagino que es un jachondo...
Porque está más bueno que el pan y yo con eso me imagino lo que quiero...
Yo me lo traería del Canadá o donde esté pa las Murcias pa invitarle a un pastel de carne, o lo que haga falta! No me diréis que no os lo imagináis por la Plaza de las Flores como pez en el agua... Yo lo veo cristalino!
Mira lo que te digo, Scarlett, si no lo quieres tú... PA MÍ!!!
Vamos, calla. Con el hambre que hay en el mundo...
martes, 7 de diciembre de 2010
Top 10 de Restaurantes para Cenas Románticas
Me encantan los ránkings de Trip Advisor. Pongo éste aquí para recurrir a él cuando lo necesite (ya, ya, mis ganas marranas, bla bla bla, pero es que soñar es gratis). Si clicáis en cada uno obtendréis más información, críticas, un mapa, el teléfono pa reservar... A lo mejor incluso conocéis alguno y podéis compartir vuestra opinión por aquí.
Top 10 European Date Night Restaurants

Top 10 European Date Night Restaurants

1. | The Library, Rome, Italy |
2. | Clos Maggiore, London, England |
3. | Jola's Restaurant, Kinsale, Ireland |
4. | Bistrot de Venise, Venice, Italy |
5. | Ferryman Taverna, Elounda, Greece |
6. | Pla, Barcelona, Spain |
7. | La Giostra, Florence, Italy |
8. | Restaurant Couvert, Bruges, Belgium |
9. | Terasa U Zlate Studne, Prague, Czech Republic |
10. | Bateaux Parisiens, Paris, France |
domingo, 9 de mayo de 2010
Objetivo Elisabetta
La primera fue Jennifer Aniston cuando salía en Friends. Principalmente, y no soy nada original, por el pelo. Esa melena tan brillante que lucía la tía, con sus mechas y sus capas. Se decía incluso que era el corte de pelo más demandado en las peluquerías americanas. Me caía bien, supongo que porque era normal, porque perfectamente podría haber sido mi vecina, esa chica mona del barrio que me caería bien así porque sí, esa chica con la que quedaría a tomarme una marinera en la Plaza de las Flores o esa chica que podría encontrarme un viernes noche en Aduana tomándose un brugal-cola. Hasta que un buen día va la tía y, de repente, caza a Brad Pitt y ya mi admiración por ella fue extraordinaria durante varios años. Que luego nos sabemos todos la historia de cuando él le puso los cuernacos con la jincha de Angelina Jolie, y que desde entonces la pobre Jennifer vaga por el mundo como alma en pena… pero yo la sigo queriendo. Obviamente, dejó de ser mi modelo a seguir y volvió a ser la vecina del barrio, pero “esa chica con tan mala suerte”.
Luego tuve una época de Gwyneth Paltrow, otra que también se ligó a Brad Pitt, y que en principio es una sonsa y una llorica que come alpiste, pero tiene algo. Algo que le encantó a mi adorado Chris Martin, y ahí que siguen casados con dos hijos con nombres raros, viviendo en Londres y toda la pesca. Aún así, aunque no la veo ni muy real ni muy cercana, reconozco que me gusta su estilo y me encanta, además de su marido, cómo habla español la tía. Pero luego me ofusca. Me ofusca lo rara y lo mensa que es, sobre todo desde el día que decidieron ponerla de presentadora en un programa sobre la gastronomía española ¿Cómo una persona que no come jamón se pone a mostrar los placeres de nuestra cocina? Habrase visto. Y que tan rubia y tan flaca… no sé, demasiado inalcanzable y friki.
Desde la semana pasada tengo un ídolo nuevo, un objetivo alcanzable. La encontré en una revista, por casualidad, sin buscarla, como los mejores descubrimientos. Se trata de Elisabetta Canalis, la novia de George Clooney, y lo vi cristalino: una tía de mi edad, filóloga como yo, mediterránea, triunfadora, cuerpazo y con un pedazo de novio que pa qué las prisas. Ésa es la mujer a la que debo aspirar. De hecho, ya he recortado su foto, una que sale con el Clooney paseando por las playas de Hawái, y la he puesto en mi nevera para motivarme. Me gusta pensar que ésa podría perfectamente ser yo este verano en la Torre de la Horadada, no sólo por el tipazo que tiene la tía sino también por el maromo que la acompaña. Que por la misma regla de tres por la que ella se ligó a uno de los hombres más sexys del mundo, pues yo uno equivalente me podría pillar, ¿no? Yo lo llamo visualización.
Esta semana he pensado mucho en Elisabetta. Y es que ha sido especialmente dura. Entre el viento helado que soplaba en mi contra por la vereda del río cuando he salido a correr y que el
endocrino me cambió el régimen, he sufrido mucho y pasado mucha hambre. Sin embargo ella, dondequiera que me encontrara, se me ha aparecido desde la nevera y me ha dado fuerzas cuando he flaqueado diciéndome que no desistiera, que en nada seré clavadita a ella. Que luego seguro que ella jala como una bestia, me la imagino comiéndose unos platos de pasta de aúpa, pero yo intento pensar que donde quiera que esté, se mata a hacer ejercicio como yo y suda y resopla para llegar al kilómetro 7 como yo.
Luego tuve una época de Gwyneth Paltrow, otra que también se ligó a Brad Pitt, y que en principio es una sonsa y una llorica que come alpiste, pero tiene algo. Algo que le encantó a mi adorado Chris Martin, y ahí que siguen casados con dos hijos con nombres raros, viviendo en Londres y toda la pesca. Aún así, aunque no la veo ni muy real ni muy cercana, reconozco que me gusta su estilo y me encanta, además de su marido, cómo habla español la tía. Pero luego me ofusca. Me ofusca lo rara y lo mensa que es, sobre todo desde el día que decidieron ponerla de presentadora en un programa sobre la gastronomía española ¿Cómo una persona que no come jamón se pone a mostrar los placeres de nuestra cocina? Habrase visto. Y que tan rubia y tan flaca… no sé, demasiado inalcanzable y friki.
Desde la semana pasada tengo un ídolo nuevo, un objetivo alcanzable. La encontré en una revista, por casualidad, sin buscarla, como los mejores descubrimientos. Se trata de Elisabetta Canalis, la novia de George Clooney, y lo vi cristalino: una tía de mi edad, filóloga como yo, mediterránea, triunfadora, cuerpazo y con un pedazo de novio que pa qué las prisas. Ésa es la mujer a la que debo aspirar. De hecho, ya he recortado su foto, una que sale con el Clooney paseando por las playas de Hawái, y la he puesto en mi nevera para motivarme. Me gusta pensar que ésa podría perfectamente ser yo este verano en la Torre de la Horadada, no sólo por el tipazo que tiene la tía sino también por el maromo que la acompaña. Que por la misma regla de tres por la que ella se ligó a uno de los hombres más sexys del mundo, pues yo uno equivalente me podría pillar, ¿no? Yo lo llamo visualización.Esta semana he pensado mucho en Elisabetta. Y es que ha sido especialmente dura. Entre el viento helado que soplaba en mi contra por la vereda del río cuando he salido a correr y que el
endocrino me cambió el régimen, he sufrido mucho y pasado mucha hambre. Sin embargo ella, dondequiera que me encontrara, se me ha aparecido desde la nevera y me ha dado fuerzas cuando he flaqueado diciéndome que no desistiera, que en nada seré clavadita a ella. Que luego seguro que ella jala como una bestia, me la imagino comiéndose unos platos de pasta de aúpa, pero yo intento pensar que donde quiera que esté, se mata a hacer ejercicio como yo y suda y resopla para llegar al kilómetro 7 como yo.¿Cuál te gusta más de las tres?
¿Qué te parece Elisabetta?
¿Te imaginas al Clooney poniéndole el Nespresso por las mañanas en su casa del Lago de Como...?
lunes, 26 de abril de 2010
Facebook love 6.0
Desde diciembre que no lo mentaba. La saga continúa, a pesar de todo.
No, no dejé de perseguirlo. Sólo que no os lo conté, porque tanto esfuerzo frustrado, tanto atrevimiento patético y tanta tontuna adolescente no era para ser contada. Porque os habría contado la de veces que me lo crucé de camino a la estación del tren y luego a lo mejor intentaba decírselo por el chat y él no me contestaba, y de repente se desconectaba en mis narices...
O cuando le dió por escribir frases en japonés, que yo descifraba gracias a google, y a las que yo respondía en perfecto nipón, también sacado de google... Días más tarde descubrí que es que se había ido a Japón de viaje, lo cual me hizo quererlo mucho más (chico que viaja bien lejos y bien exótico y además come sushi... bonus!). Entonces, no sé cuántos días estuvo fuera -claramente una eternidad- pero durante ése tiempo se conectó más que nunca y además sin parar de poner fotos y hasta vídeos, los cuales yo devoraba y a veces incluso me atrevía a poner un tímido "me gusta". Sin obtener respuesta ni comentario, claro.
Y ahí se quedó la cosa. Hace siglos que no se conecta, pero no le he olvidado, de hecho a veces tecleo su nombre para cerciorarme de que no me ha eliminado de su lista de amigos.
- Nena, ¿sabes a quién vimos ayer en el 609? A tu amor ése del Feisbuk, qué guapo. ¿Qué fue de él? Dejaste de perseguirlo...
No, no dejé de perseguirlo. Sólo que no os lo conté, porque tanto esfuerzo frustrado, tanto atrevimiento patético y tanta tontuna adolescente no era para ser contada. Porque os habría contado la de veces que me lo crucé de camino a la estación del tren y luego a lo mejor intentaba decírselo por el chat y él no me contestaba, y de repente se desconectaba en mis narices...O cuando le dió por escribir frases en japonés, que yo descifraba gracias a google, y a las que yo respondía en perfecto nipón, también sacado de google... Días más tarde descubrí que es que se había ido a Japón de viaje, lo cual me hizo quererlo mucho más (chico que viaja bien lejos y bien exótico y además come sushi... bonus!). Entonces, no sé cuántos días estuvo fuera -claramente una eternidad- pero durante ése tiempo se conectó más que nunca y además sin parar de poner fotos y hasta vídeos, los cuales yo devoraba y a veces incluso me atrevía a poner un tímido "me gusta". Sin obtener respuesta ni comentario, claro.
Y ahí se quedó la cosa. Hace siglos que no se conecta, pero no le he olvidado, de hecho a veces tecleo su nombre para cerciorarme de que no me ha eliminado de su lista de amigos.
- Pues ayer, al rato de estar allí, llega María y me dice "Me he enamorado". ¿De quién? - le pregunté, ¿del de la barra con la camiseta de rayas? Venga, hombre, ahora quieres. Ponte a la cola que ése es de Conch y mío.
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