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lunes, 14 de octubre de 2013

Deformación profesional

Fue la negrita de ese email, o más bien la rojita subrayada. “Último día para apuntarse: 3 de octubre”. Yo, que iba como loca pues ya era la hora de irme a casa, le pregunté a A: “¿Qué día es hoy?”. “Tres de Octubre”, me contestaba sin prestarme atención. Así, rápidamente, casi sin leer, rellené mis datos en la instancia online y poco antes de apagar el ordenador comprobé que me había llegado el email automático con el comprobante de inscripción. Por fin me había llegado la convocatoria de mi ansiado curso de formación y me había apuntado dentro de plazo, ya podía irme a casa tranquila.

No fue hasta tres días después cuando, mirando de refilón la bandeja de entrada, leí: Inscripción al Curso de Contabilidad. ¿Quéeee? ¿Peeeerdona? ¡Pero si yo soy de letras! No era ése el curso en el que me quería inscribir. Volví a mirar el email y me había matriculado en de la línea de abajo. ¿Ahora qué hago?, pensé. ¿Qué le explico yo al director del curso que me ha admitido? ¿Que iba con prisas, que soy una persona caótica y que yo en realidad no quería, oiga? Por unos segundos creo que entré en pánico, pero luego pensé en el destino, en el por qué de las cosas, en probar cosas nuevas y en que el saber no ocupa lugar. El caso es que un curso de formación nunca viene mal, ¿no? Entonces, aunque sólo fuera por ahorrarme la vergüenza de contarle mi vida al organizador, toda valiente decidí lanzarme a la aventura y que fuera lo que Dios quisiera. Ese martes tarde empezaría mi curso.

Seríamos unos veinte en aquella sala, todos con una cara de “he venido obligado, yo en realidad no quería” que se notaba a la legua. Yo, que me lo había tomado con filosofía, me senté, todo animosa y dispuesta a todo, en uno de los ordenadores mejor situados de la sala. Mi gozo en un pozo cuando me di cuenta de que no rulaba la aplicación con la que se suponía que iba a trabajar las siguientes horas de la tarde. No era la única, por lo que el profesor decidió explicar los conceptos básicos haciendo él de modelo mientras nosotros mirábamos la pizarra digital durante tres horas sin descanso.

Al mismo tiempo, esa misma tarde, I hacía un curso de coaching. De esos con tests de personalidad, dinámicas de grupo y cosas chulérrimas y extrañas para conocerse a sí mismo y ser mejor persona y mejor trabajador. Al día siguiente haría otro para emprendedores, sobre cómo montar tu empresa y no morir en el intento. Y qué casualidad, que también ese día, en el facebook, mi amiga M, con el don de la oportunidad, colgaba un corto llamado “¿Bailamos?” sobre una niña y su padre, que la obligaba a estudiar y aprender inglés mientras ella sólo quería bailar. El padre cortarrollos intentaba impedir lo que es inevitable en un niño, las ganas de jugar y sus sueños de ser bailarina, mientras una risa en off denotaba lo equivocados que, como él, están algunos, que piensan que estudiar una “carrera con salidas” es la única opción válida hoy en día. “Estudia lo que te gusta y trabaja en lo que puedas”, me dijeron mis padres, y lo que era una carrera sin supuestamente más salidas que ser profe es lo que me está dando de comer. Que tampoco es la norma entre los de mi promoción desgraciadamente. Por otra parte, también tengo tres amigas bailarinas que nunca han estado en el paro, y mis amigas que lo están tienen estudios, formación extra e idiomas.

Muy complicado todo y mucho me he comido la cabeza con el tema de la formación esta semana. Casi tanto como con mi curso de contabilidad. El segundo día fui más lista y me senté junto a una chica cuyo ordenador funcionaba y además parecía entenderlo todo a la perfección. Yo creo que al final algo estoy aprendiendo y confieso que hubo ratos en los que me lo pasé hasta bien. Efectivamente, adquirir nuevos conocimientos nunca está de más para nadie, esté en el paro o no y que, quién sabe, puede que me sirvan para algo en un futuro. ¿Te hago un presupuesto?

domingo, 28 de abril de 2013

Paren el mundo, que me bajo



Los capullos no regalan flores, pero las amigas sí, y cuando eso ocurre, siempre te pilla desprevenida y sin jarrón. Como si me hubieran encargado el cuidado de un bebé, la maceta que me regaló por mi cumple mi amiga A me presentaba un montón de retos, desde acordarme de regarla cada tres días para mantenerla con vida por un tiempo medianamente decente, hasta aprenderme su nombre, que jolín, no hay manera de recordarlo. “Una con flores rosas”, le digo a quien me pregunta. Tuvo que verla Trini, que vino a limpiar mi casa, para explicarme cómo cuidarla, reñirme por tenerla tan abandonada, y salvarla haciéndola florecer, por lo que decidí tomármelo en serio. En el camino que he ideado para convertirme en mejor persona, a mí las plantas no se me mueren. Desde entonces riego mi maceta sin nombre religiosamente, le dedico mi tiempo, le hablo, le canto y hasta la saco al balcón. De hecho, ya han pasado tres semanas y aquí la tengo, hecha un toro. 

Sin embargo, una vez superado el desafío de la maceta, algo me decía que no era suficiente. Tras haber pasado una época de saturaciones laborales y personales varias y pseudo-crisis de personalidad y autoestima, necesitaba más retos, más caña, más madera, para hacerme sentir mejor mujer, más completa quizá. Así que me fui a lo simple y a lo que siempre nos funciona a las mujeres. De compras.

Cinco horas después salía yo de la Nueva Condomina que parecía la madre y el hijo juntos. No obstante, el contenido de mis bolsas de compras me sorprendió hasta a mí cuando lo lancé todo sobre el sofá. En un ataque por recuperar el amor propio, a cualquiera le habría dado por comprarse unos tacones y un pintalabios rojo, pero en mi caso, parecía que mi subconsciente me pidiera echar el freno y pasar un tiempo a solas conmigo misma. Que paren el mundo, que me bajo para estar a mi bola. Una novela, una peli, una serie, un disco y un cómic fueron mis adquisiciones de esa tarde.


Empecé con la música y, con el tranquilico álbum Fuerteventura de Russian Red de fondo, me puse manos a la obra con las lecturas.


El cómic, Los capullos noregalan flores de Moderna de Pueblo, fue lo primero que leí y, tras varias carcajadas con las que los vecinos debieron de flipar, me lo terminé sin dejar de asentir con la cabeza a todo entre lágrimas de risa. En ese libro, donde se analiza todo el espectro del moderneo y el capulleo de la sociedad actual, me vi tan reflejada que asustaba, pero también me hizo sentir que no estoy sola. Por si acaso esto se me olvidara, lo he dejado en mi mesita de noche para futuras consultas.

 
De las mesitas de noche se habla mucho en Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, la novela de Albert Espinosa que me compré. Con frases gloriosas como para ir leyendo con el lápiz en la mano, me sacó millones de sonrisas y algún que otro guau, y me lo zampé en tan sólo un par de noches que me supieron a poco. Como la serie, Girls, recomendada por mis amigos, que me enganchó desde el primer episodio. Se trata de las historias de unas chicas que viven una vida que, por una cosa o por otra, está muy lejos de ser ideal o perfecta, pues todas ellas tienen algún trauma o son en cierto modo unas fracasadas. Y mola. Se acabaron las utopías de Sexo en Nueva York y Gossip Girl, démosle paso a las mujeres reales.


Por último, me queda hacerle un hueco en la agenda a la película, 500 días juntos (500 Days of Summer), pero creo que ya estoy curada, o al menos me siento mejor. Precisamente en Si tú me dices ven… me encontré lo siguiente: "Parar el mundo es decidir conscientemente que vas a salir de él para mejorarte y mejorarlo". Y es que eso es lo que necesitaba, hacer un alto en el camino para darme unas raciones de amor propio… y regar mi planta.

#STMDVLDTPDV

Grandes frases subrayadas mientras leía Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven, de Albert Espinosa. Aunque ya solamente el título me fascina desde la primera vez que supe de él.

"Las casualidades son mi debilidad; son las únicas cosas de la vida que consiguen quebrantar mis reglas."

"Parar el mundo es decidir conscientemente que vas a salir de él para mejorarte y mejorarlo."

"Querer es siempre más valioso que que te quieran. Querer mueve y detiene mundos. Que te quieran si tú no quieres puede acabar aletargando."

Y tú, ¿lo has leído? Yo no tardaré en hacerme con otro de Albert Espinosa.

lunes, 11 de marzo de 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

Hablemos de sexo



En la vida iba yo a imaginarme que lideraría una mesa redonda en el Salón Erótico del Levante. Ni siquiera ir a visitarlo, las cosas como son, que ya estuve a punto el año pasado y no me  imaginé cómoda en semejante hábitat. Y por lo que te cuentan que hay ahí, leyendas urbanas e historias irreproducibles del porno más hardcore. Pero dije que sí. Accedí sin mucho pensar, pues en principio me pareció muy divertido, una experiencia nueva, con lo que a mí me gustan las novedades y meterme en fregaos. ¿El motivo? El bestseller del momento, del que muchos hemos hablado ya largo y tendido, y parece que seguiremos hablando per secula seculorum, Cincuentas Sombras de Grey.

No pude encontrar mejores contertulias, a las que no puedo estar más agradecida. Por una parte, mi amiga P, acérrima defensora de la trilogía, y por otra, A, que como yo, sufrió el libro desde la primera página, pero fue aún más masoca, pues se leyó la trilogía entera. Eran las compañeras perfectas y las necesitaba conmigo, y no pude más que saltar de alegría cuando me contestaron que sí. Sus maridos vendrían con ellas, de escoltas, pues también habían oído esas tremebundas historias de las que hablábamos antes.

Al llegar a Ifepa, la diosa que llevo dentro no sabía si quedarse en el parking o entrar al Salón a echarse unas risas conmigo. Nos tocaba después de la charla de tuppersex y antes de la de eyaculación precoz. Hasta ahora, la más popular de las charlas había sido la de sexo tántrico, nos dijeron. Al parecer petó el salón de actos. Teníamos entonces tiempo para pasear y ver lo que allí se cocía… ejem. Los stands, en su mayoría sex shops, estaban bastante concurridos, pero más aún estaba la zona junto al escenario donde tenía lugar un concierto, tengo entendido, de porno-rock, donde además de músicos y guitarras, dos chicas medio en cueros le daban su merecido a un chavalote que se ve que se había portado mal. Ale, palotes en el culo en directo, nada más llegar.

Pronto llegó nuestro momento y el salón de actos se fue llenando con gente de todo tipo y todas las edades, lo cual me hizo muchísima ilusión. La manera que lo planteamos, tras exponer nuestras opiniones, era que el público participara dándonos las suyas, y participó. Que otra cosa puede que no, pero si algo hemos de agradecer a esta novelucha rosa mal escrita es que hace hablar a las personas y las une. Como a nosotras tres, que al final nos acabamos poniendo de acuerdo y le dimos a la novela el indulto ante la hoguera.

Se nos hizo corto y sé que a P y a A se les quedaron muchas cosas por decir. Tanto es así que nos fuimos a la cafetería a seguir charlando, brindando con unas cervecicas bien frías y sin perder la vista del escenario, donde los del porno-rock seguían en to lo suyo.

Tras la experiencia en el Salón Erótico, creo que a partir de aquí… ¡lo que me echen! Y qué casualidad que, precisamente esta semana, mi local favorito del momento, La Oveja Negra, organizaba un tuppersex especial Cincuenta sombras de Grey, al que por supuesto asistí. Aceites, dildos, consoladores, balas negras y estimuladores varios pasaban de mano en mano entre las asistentes. Mucha risa floja y algún que otro momentazo de carcajada. Que es que había un grupo de matures en una esquina que no paraban de cascar y comentar, pero lo mejor es que la hija de una de ellas estaba presente, muy cerca de mí, aconsejando a su madre sobre qué comprarse.

“Lo que pasa en La Oveja Negra, se queda en La Oveja Negra”, dijo una de las chicas del tuppersex para anunciarnos que, para finalizar, jugaríamos al “Yo nunca”. “Mamá, tú no mires”, decía la hija justo en el momento que decidí pirarme.

Y fue al cruzar la puerta, que me encontré a M y a L, que me felicitaron por la tertulia y me pidieron que se repitiera. Yo les conté todo lo que había aprendido esa noche y me quedé hablando con ellos, de Cincuenta sombras de Grey una vez más, hasta altas horas de la madrugada.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Emborracharme

De batidos, borrachos, the f-word y mensajes de whatsapp. Y eso que se dice siempre de los borrachos, que dicen la verdad, y aquí los Lori Meyers se atreven a contarte que empiezan a quererte y que...  ¡YO NO QUIERO SER TU AMANTE! No puedo ser más fan.

Recién salidica del horno...

domingo, 20 de enero de 2013

Tesoros

En la última reunión de departamento debatíamos sobre, entre otros, la posibilidad de que algún guiri británico de ésos que tienen tiendas de segunda mano por los pueblos de la costa murciana, viniera a nuestra escuela a dar una charla. Al fin y al cabo esas tiendas son pequeñas ONG y tienen como trasfondo un proyecto solidario, un pequeño servicio a la comunidad, por lo que la idea de que contaran cuál era el destino de esa ayuda nos pareció bastante atractiva en principio. “Pues no estéis tan seguros – interrumpió alguien – que yo creo que al español medio esto de comprar objetos usados no  le va”. “Pues va a tener que empezar a gustarle”, señaló G algo agorero con los tiempos que corren. 

Inevitablemente pensé en mi amigo N, de cuya impredecible cabeza pensante surgió, poco antes de la Navidad, un grupo en facebook llamado “Trueque”, por el que, como su propio nombre indica, sus miembros intercambian cosas. Objetos innecesarios o abandonados, cosas útiles que ya no se utilizan, artículos y moda vintage, libros y hasta obras de arte, pequeños tesoros olvidados en un rincón de la casa que, quién sabe, pueden hacer feliz a alguien o incluso a ti mismo con otro tesoro inesperado. “Llevamos un mes haciendo trueques y todavía nadie ha mencionado la palabra euro”, me contó N. No tardé en unirme y pronto N publicaría una oferta que no pudimos rechazar: “Ofrezco tres sábados de curso de introducción a la Historia del Arte a cambio de diez kilos de comida, una bolsa de ropa usada y juguetes que se destinarán a Cáritas o similar”.


Pasó la Navidad y con el año nuevo N puso fecha al curso que nos prometió. Así, el primer sábado, nos convocó a las 11 de la mañana en el Museo de Bellas Artes de Murcia. Y debería darme vergüenza admitirlo, pero por fin tenía una excusa para visitar el MUBAM, pues nunca antes había estado. Y es que… Que levante la mano a quien no le pasa, que cuando vamos a cualquier ciudad del mundo nos hinchamos a ver museos, pero no conocemos los tesoros que posee la nuestra. Porque yo creo que el MUBAM es un tesoro y poco tardé en darme cuenta de ello. Con una mezcla entre, como decía, vergüenza y emoción, crucé las puertas del museo para, enseguida, escuchar atentamente las explicaciones de N, que nos hablaba del Gótico, del Renacimiento, de retablos, técnicas y anécdotas, sirviéndose de las obras del museo. Con lo que a mí me gustan las visitas guiadas. Una maravilla también poder volver a asistir a una clase de arte, y más entre amigos, que lo mejor vino después, pues decía N que para eso nos habíamos reunido.

Tras el arte y, con la satisfacción de sentirnos todos un poquito más sabios, nos dirigimos a tomarnos el aperitivo, y el lugar elegido fue otro tesoro de nuestra Murcia, el archiconocido e histórico Garrampón. Entre cañas y salchicha seca seguíamos comentando obras y preguntando dudas a N, que hacía de anfitrión en un grupo de desconocidos en el que pronto surgió la amistad.  

Desgraciadamente no pude quedarme mucho tiempo, pues ese día comía con mis compañeras de trabajo en el quiosco del Parque de la Seda, otro tesoro escondido al que nos gusta mucho ir. Sin embargo esta vez no teníamos el cuerpo para fiestas, pues la comida fue la excusa para reunirnos e irnos juntas al funeral de un amigo. 

Dicen que el que tiene un amigo, tiene un tesoro y, aunque puedo considerarme millonaria, la semana pasada me sentí muy pobre al perder a uno. AL, compañero de trabajo, nos dejó inesperadamente hace dos viernes. A él, que siempre fue un amigo al otro lado del teléfono, a él, que pacientemente contestaba mis dudas absurdas y siempre siempre siempre me hacía reír, a él, que tenía la capacidad de sacarme una sonrisa con tan sólo sus iniciales al final de un email, a él, que me leía todos los domingos, van dedicadas hoy estas letras.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Menos sombras



La primera vez que oí hablar de ella fue el pasado mes de mayo cuando, por el cumple de mi amiga A, N sugirió que le regaláramos una novela llamada Cincuenta sombras de Grey. Yo, con la mega pila de libros pendientes de mi mesilla de noche, no me interesé siquiera por el título. No fue hasta el mes siguiente cuando, para el cumpleaños de S, mis amigas decidieron repetir regalo. Ahí ya, inevitablemente, saltó mi curiosidad, y con un poquito de google y de twitter, me medio-documenté sobre este librito tan popular entre mis congéneres. "Porno para mamás", "adictivo e intrigante" y "la novela que ha revolucionado a las mujeres de América". Con esa carta de presentación y, tras hablar de ello con J, lectora empedernida donde las haya, decidimos leerla nosotras también. “Sí, éste es el libro del que habla todo el mundo”, rezaba una pegatina en la portada. J lo empezó esa tarde y yo lo dejé en mi pila de libros, para cuando acabara La voz dormida. “Es una mierda, Bitter”, me dijo J a los tres días.

Entonces llegó julio y mi viaje con A y N. Ambas hablaban de un tal Christian al que amaban y de una tal Anastasia a la que envidiaban. Una de ellas, incluso, se llevó la novela dichosa al viaje y, a pesar de haberla leído ya, en ocasiones la abrían por una página al azar para leerla entre suspiros. Fue entonces cuando les pedí que me contaran más y así documentarme del todo. Tan del todo, que pensé en regalar mi libro a alguien, pues yo ya no tenía ninguna gana de leérmelo. 

Tuvieron que pasar tres meses para que cambiara de opinión. Las tertulias en la Radio Online y las conversaciones con amigos fans y detractores me obligaron a informarme antes de hablar. Esta semana, gracias a las navidades, me lo he acabado por fin. Si bien es cierto que el principio engancha (a ver cuándo se la tira), no entiendo el supuesto pique con el libro, pues lo encuentro una ñoñez aburridísima. Así, un sueño de padre y muy señor mío me invadía siempre, fuera la hora que fuera, para luego dejarme comiéndome la cabeza: “De lo que he leído antes de hincharme a bostezar ¿qué es lo que puede haber gustado a mis amigas? ¿De verdad esto les pone? ¿No les repele el estilo o la traducción?”

Pues no, y van y se leen la trilogía completa y me desean que en el 2013 ponga un Grey en mi vida. Ni harta a copas. Ni tampoco se lo deseo a ellas. No quiero un acosador, un mandón y un celoso pervertido. Que sí, que el sexo impulsivo, espontáneo, desinhibido mola un montón y más si el tío está bueno y está loco por ti, pero que el gatico de las 9 colas se lo meta por donde le quepa. A dar latigazos a la puta calle. Y que sí, que cada pareja juegue a lo que le dé la gana en su alcoba, su piano o su encimera de la cocina, pero dentro del respeto y del consentimiento mutuo, que se note que estamos en el siglo XXI. Que si hoy jugamos a que yo soy la sumisa, mañana te toca a ti, majo.

Llego a la conclusión entonces de que la novela gusta porque ella, que es, a priori, una sonsa del montón, realiza el sueño más deseado por toda mujer, uno que nunca pasa en la vida real, por el que todas la hemos cagado alguna vez, que es que un tío cambie por ti. No nos damos cuenta y novelas como ésta no ayudan. Ni los hombres rarunos cambian, ni nosotras somos sus salvadoras, ni la razón de que ocurran milagros. Y que los locos deben ir al manicomio y nosotras no deberíamos tocarlos ni con un palo.

Si acaso, lo único que me gusta es la correspondencia de los protagonistas por email, donde la mosquita muerta se suelta y el sádico se muestra de lo más ingenioso, divertido y sí, tremendamente sexy. Pero ya.

Así pues, para el 2013 me propongo dos cosas: leer libros mejores y tener los ojos bien abiertos. Por si me cruzo con un sombrío de éstos y tengo que mandarlo bien lejos.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La cosa más bitter

El pasado miércoles por fin me estrené en la Radio Online Murcia. Tras un par de apariciones medio improvisadas, una por teléfono y otra el martes cuando me colé en la entrevista a los Limones Radioactivos, llegó el día en el que me senté junto a Mónica López en su Expreso de Mediodía para, como dijimos ahí mismo, "hablar de mi libro".

Como no podía ser de otra manera, de sintonía elegí la canción que me dio nombre, Foundations de Kate Nash, y tras sonar, sólo quedaba empezar a hablar y empezar a disfrutar, que con Mónica es fácil y además te lo pasas pipa.

Empecé explicando la que va a ser mi aparición de todos los jueves. "La cosa más bitter" será el título de mi pequeña sección, que contará, como es normal, con cosas muy mías.

El bittersitio: Hablaré de un sitio en el que he estado y me ha molado
El bitterevento: Os hablaré del evento más chulo que haya ese fin de semana o de uno en el que haya estado.
La palabra chulérrima: Palabras modernas, nuevas, actuales, necesarias, anglicismos, palabricas de moda o simplemente que me gusten a mí.
La palabra fatal: Aquí elegiré palabras que me paracen fatales, feas, horribles e innecesarias!

Ya que este fin de semana se acaba el verano, pensé que era buena idea recordar Los placeres del verano y uno por uno, fui hablando de ellos con Mónica.

A los diez placeres añadí unos cuantos más de mi propia cosecha, como los barcos (yo es que vivo navegando) y los festivales, y de ahí que mencionara a The Killers.


Tras ellos, pasé a hablar de la que para mí fue la revelación del Dcode Festival: Kimbra, esa chica a la que conocimos por Somebody that I used to know... 

sábado, 7 de julio de 2012

Uno que yo conocía

Me rechifla esta canción. La conocí por Mónica, una alumna mía de primero, que me la recomendó, y me sugirió hacerla en clase. Pero claro, ese used to para mis criaturicas de primer año ya me hizo descartarla. Aun así, confiando en el buen gusto de Mónica, decidí escuchar la canción y fue un auténtico flechazo.


Me rechifla la letra. Dice tantísimas cosas. Que si no me pongo en el lugar del chico, pongo a uno que yo conocía en el lugar del que canta, no sé si me explico. Que me pongo a pensar en todas esas cosas que decimos en momentos de euforia amorosa, en esos, como decían unos amigos míos, ataques de amor, ésos que de repente se pasan, se desinflan, a veces sorprendentemente demasiado pronto. O temas tan universales como cuando te autoconvences de que alguien es ideal para ti y no te das cuenta de que en realidad no tenéis na que ver ni na que contaros. Y luego ya, mi favorito, lo de que entre tú y yo no hay ni hubo jamás nada. Ni me detendré a comentarlo. O de cómo, con un poco de suerte, se decide quedar como amigos. Lo de que nunca dejaré de hablarte, qué triste estoy, pero en realidad te quedas en la gloria... y si te he visto no me acuerdo! (porque como, total, entre tú y yo no hubo nada...) Y por último cuando, pasado X tiempo volverás a ver a esa persona, te quedarás mirándola y alguien te preguntara "¿l@ conoces?" y dirás, titubeando pero puede que incluso acabando con una medio-sonrisa, "sí, me l@ presentaron hace tiempo".

Entonces llega la parte de la tía. Ojo. De lo más bitter que he visto en los últimos tiempos.

Now and then I think of all the times you screwed me over
De vez en cuando pienso en todas esas veces que me jodiste
But had me believing it was always something that I'd done
Pero me hiciste creer que era culpa mía
And I don't wanna live that way

Yo no quiero vivir así
Reading into every word you say
Intentando leerte la mente
You said that you could let it go
Tú decías que podrías pasar perfectamente
And I wouldn't catch you hung up on somebody that you used to know...
Y que no te pillaría colgado de alguien que tú conocías...

JA!

El pasado 4 de julio hizo 8 años de mi independencia de alguien sin el cual yo creía que no podría vivir. Hay que ver como el tiempo te cambia la perspectiva, que ahora, si me preguntaran por él, creo que sería capaz de decir, "Pues ése? Era uno que yo conocía" ;)

martes, 31 de enero de 2012

La molécula del amor

Quien me conoce sabe que no soy de las que creen en los flechazos, en el amor de cuento de hadas y en las hazañas heroico-románticas. Yo, que estaba convencida de que el romanticismo murió con Bécquer, de un tiempo a esta parte empiezo a ver tambalearse mis pilares del bien y el mal con mis propios amigos. ¡Mis propios amigos! Gente con la que yo interactúo, salgo, entro y me las tomo.

Empezaron a llegarme de repente montones de historias de amor, algunas de éstas de soponcio. Como la de P, que a los seis meses de conocer a H ya le ha pedido matrimonio. O la de C, solterona anti-amor reconvertida en mujer pegada a su teléfono (que la pava se ha echado un novio pirenaico). Luego J y M y sus declaraciones de amor eterno en pleno twitter (¡Iros a un hotel!). O la de B, que tras años persiguiendo a S, muchas tardes de copas y un matrimonio fallido de por medio, al final ha conseguido que S se deje querer. Y así están todos: desaparecidos, imagino que recuperando el tiempo perdido.

¿Qué está pasando aquí?, me pregunto. ¿Qué explicación tiene todo esto? Porque es que ni siquiera es primavera, que sería lo suyo. ¿Puede ser que exista aquello llamado amor?  

Quise entonces buscarle una explicación lógica y terrenal a todo este subidón de amor de mi alrededor. Pronto llegué a la mejor de las conclusiones, a la explicación más científica que mi mente de letras podía alcanzar: eso tiene que ser la oxitocina, me dije. La hormona conocida por ser la promotora de la vinculación afectiva, también llamada “la molécula del amor” seguro que tiene la culpa de todo esto. Al parecer la liberamos las mujeres cuando damos de mamar y cuando tenemos un orgasmo, o en otras palabras, es una hormona que rezuma afecto a la de tres y nos confunde fácilmente liándola pardísima. Ella hará que un buen quiqui nos ponga corazoncitos en los ojos y nos haga creer que estamos ante el amor de nuestra vida, cuando puede ser que no, que nada más lejos.

Entonces llegó, sin querer pero como agua de mayo, el documental de la tele del domingo pasado. Un documental que trataba sobre justo lo que necesitaba: las relaciones amorosas explicadas desde un punto de vista científico. Y ahí, una tras otra, fueron saliendo a la luz, como explicaciones de toda esta locura que llamamos amor, todas las hormonas habidas y por haber: la dopamina, la serotonina o por supuesto, mi amiga la oxitocina. Se confirmaban entonces mis sospechas cutre-científicas mientras me nutría de otros muchos datos. Flipé con las reacciones del cerebro cuando uno se enamora y desenamora, como también con ciertos datos estadísticos como que el amor pasional dura tan sólo cuatro años, cuando yo creía que eran siete. El picor de los siete años, the seventh year itch que dicen los angloparlantes, debería estudiarse también seriamente.

Y es que siete son los años que ha durado la pareja perfecta que formaban Heidi Klum y Seal. La noticia nos sorprendía esta semana. Contaba la Klum siempre que se enamoró locamente de Seal cuando coincidieron en el pasillo de un hotel, también que él venía de correr y no sólo estaba sudado sino que además llevaba mallas ajustadas. No somos tontas. Que el Seal es feo de antología, pero quítale la cabeza, y oye, más quisieran algunos y más quisiéramos muchas. Por aquel entonces la Klum estaba embarazada y recién abandonada por Briatore, con lo que rebosaba oxitocina por los poros… Y tres hijos más que tuvieron.

Entonces ¿qué pasó? ¿Acaso la molécula del amor tiene una caducidad de siete años? Volviendo a mis amigos y viendo la felicidad en ellos, ¿sabéis lo que os digo? Que sea amor u oxitocina, dure cuatro años, siete o un par de horas, concluiré tanta ciencia diciendo lo de Cuando Harry encontró a Sally: “Sírvame lo mismo que a ella”.